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viernes, 9 de diciembre de 2016

México busca disminuir los efectos del cambio climático en su biodiversidad y en la población humana a través de sus ecosistemas

En el Marco de la Conferencia de las Partes (COP13) de la Convención de Diversidad Biológica, llevada a cabo del 2 al 17 de diciembre en Cancún, Quintana Roo, representantes de instituciones mexicanas discutieron sobre los alcances de la Adaptación basada en Ecosistemas (AbE).

La Adaptación basada en Ecosistemas (AbE) es un método que propone el manejo de la biodiversidad y de los servicios ecosistémicos, como parte de una estrategia más amplia de adaptación, mediante el uso sostenible de los recursos y la restauración y conservación de ecosistemas.

En el evento paralelo, organizado por la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales (SEMARNAT), la Comisión Nacional de Áreas Naturales Protegidas (CONANP), el Instituto de Ecología y Cambio Climático (INECC) y la Agencia Alemana de Cooperación Técnica (GIZ), reunió a representantes de cada institución para dar a conocer los avances en la transversalización del enfoque AbE.

Amparo Martínez, Directora General del INECC, explicó que el marco normativo de México (Ley General de Cambio Climático, Programa Especial de Cambio Climático) facilitan la implementación de medidas AbE, lo que además promueve el cumplimiento de la Meta 15 de Aichi y las contribuciones nacionales determinadas (NDC) del Acuerdo de Paris.

Por otro lado, Andrew Rhodes, Director General de Desarrollo Institucional y Promoción de la CONANP, compartió algunos casos exitosos de la implementación de medidas AbE a distintos niveles: Institucional, con el desarrollo de una “Estrategia de Cambio Climático desde las Áreas Naturales Protegidas (ANP)”; y local, con el desarrollo de “Programas de Adaptación al Cambio Climático” en diversas ANP del país. En el ámbito político.

Rodolfo Lacy, Subsecretario de planeación política y ambiental de la SEMARNAT, resaltó la importancia de involucrar a distintos sectores, particularmente el sector privado, ya que la implementación del enfoque AbE requiere acciones colectivas.

Los expertos reiteraron la necesidad de seguir implementando medidas de Adaptación basada en Ecosistemas, a pesar de los retos a los que se podrían enfrentar. El representante de la CONANP invitó a los asistentes a promover este tipo de medidas tanto dentro como fuera de las áreas naturales protegidas.

Fuente: CONANP


lunes, 31 de octubre de 2016

Instrumentos normativos para combatir el cambio climático

México sustenta su contribución en una política nacional de cambio climático robusta que incluye, entre otros, los siguientes instrumentos:
  • Ley General de Cambio Climático (2012)
  • Fondo de Cambio Climático (2012)
  • Comisión Intersecretarial de Cambio Climático (2013)
  • Instituto Nacional de Ecología y Cambio Climático (2013)
  • Consejo de Cambio Climático (2013)
  • Estrategia Nacional de Cambio Climático, visión a 10-20-40 años (2013)
  • Impuesto al carbono (2013)
  • Reforma Energética (leyes y reglamentos) (2013)
  • Programa Especial de Cambio Climático 2014-2018
  • Registro Nacional de Emisiones y su Reglamento (2014)
  • Inventario Nacional de Emisiones (2014)
  • Sistema Nacional de Cambio Climático (2014)
Nuestro país es un emisor moderado de gases de efecto invernadero (GEI). Aportamos menos del 1.4% de las emisiones globales, sin embargo, nuestra ubicación geográfica nos hace particularmente vulnerables a los efectos del cambio climático, principalmente ante eventos hidrometeorológicos extremos.

En marzo de 2015, el Gobierno de la República presentó en tiempo y forma su propuesta de reducción de emisiones de GEI. Fuimos el cuarto país en presentar ante la Organización de las Naciones Unidas (ONU) las contribuciones de mitigación y adaptación (INDC, por sus siglas en inglés). Tienen la característica de ser voluntarias y no condicionadas.

Nos comprometimos a reducir de manera no condicionada el 25% de las emisiones GEI y de las emisiones generadas por contaminantes climáticos de vida corta al 2030. Este compromiso implica una reducción del 22% de GEI y del 51% de carbono negro. Las metas incluyen un componente de adaptación con compromisos también al 2030.

La prioridad de las acciones de adaptación es proteger a la población de los diversos impactos del cambio climático, para ello se han establecido como metas más relevantes las siguientes: fortalecer la capacidad adaptativa de al menos el 50% de los municipios más vulnerables del territorio nacional, establecer sistemas de alerta temprana y gestión de riesgo en todos los órdenes de gobierno, sí como alcanzar una tasa cero de deforestación.

A nivel internacional, se espera que el próximo 4 de noviembre entre en vigor el Acuerdo de París en donde se contempla la reducción a nivel mundial de los GEI. En este contexto México cuenta con este marco normativo avanzado entre sus fortalezas.

Fuente: SEMARNAT, blog


sábado, 22 de octubre de 2016

Cómo afecta el cambio climático a México

¿Qué es el cambio climático? Es la variación del clima por periodos largos, ya sea por condiciones naturales o como resultado de actividades humanas.

Desde ­finales del siglo XIX, pero más notablemente en los últimos 50 años, con el desarrollo industrial y la pérdida de bosques y selvas, entre otros factores, la temperatura de la super­ficie terrestre se ha incrementado, lo cual signi­fica un alto riesgo para todas las formas de vida.

Señales de este fenómeno climático en nuestro país:

-Aumento de la deserti­ficación. Muchas regiones del norte del país se están convirtiendo en terrenos estériles, lo que signi­fica desecamiento de ríos, muerte de especies animales y vegetales e impacto en los mantos freáticos.

-Aumento extremo de temperatura. En la Ciudad de México, en los últimos años, la temperatura se ha incrementado casi 4º centígrados.

-Cambios en la forma en que llueve. Ya sea en Motozintla, Chiapas, o en Ciudad Juárez, Chihuahua, el número de tormentas intensas va en aumento.

-Adelanto en las épocas de calor. En las regiones del norte del país las épocas de calor comienzan de manera anticipada y terminan después del tiempo habitual, comparadas con años anteriores.

-Pérdida de bosques. Se ha acelerado la pérdida de bosques y vegetación en nuestro país. Los incendios forestales se asocian también con el aumento de la temperatura.

-Desaparición de los glaciares. Los glaciares más importantes de México, ubicados en los volcanes Pico de Orizaba, Popocatépetl e Iztaccíhuatl, están disminuyendo su extensión.

-Aparición de enfermedades. En Chihuahua han aparecido casos de dengue, algo insólito en la región.

Cabe destacar que para mitigar el cambio climático México cuenta con un marco normativo robusto, siendo en el 2012 el primer país en desarrollo en contar con una Ley General de Cambio Climático.

Fuente: SEMARNAT, blog


sábado, 23 de abril de 2016

#DíaMundialDeLaTierra Juntos podemos derrotar el cambio climático

En el marco del Día Mundial de la Madre Tierra, los gobiernos del mundo firmaron en la sede de Naciones Unidas el Acuerdo de París, documento resultado de las negociaciones del clima de diciembre pasado, en este contexto Greenpeace pide acelerar los esfuerzos a favor del planeta en todos los países para que en colaboración -gobierno, empresas y ciudadanos- logremos derrotar al cambio climático, la amenaza más grande que enfrentamos.

Greenpeace hizo un llamado para que los gobiernos del mundo aceleren sus acciones para reducir las emisiones de Gases de Efecto Invernadero y salvar nuestros bosques, proteger nuestros océanos y producir alimentos sanos para la tierra y la salud con prácticas ecológicas.

La gran participación en la ceremonia de firma del convenio ratifica el compromiso del mundo para liberarse de su adicción a los combustibles fósiles, la agricultura industrial y la sobreexplotación de nuestros bosques y mares para dirigirnos hacia el comienzo de una nueva era de la energía limpia y renovable, la agricultura ecológica, el manejo forestal comunitario y reservas marinas que protejan la vida acuática.

En el marco de la cumbre climática, también países como México se adhirieron a la Iniciativa 4 por 1000: los suelos para la seguridad alimentaria y el clima, en la que se plantea la reducción de emisiones de carbono en la agricultura con el uso de materia orgánica y prácticas ecológicas.

Greenpeace señala la necesidad de que tanto el gobierno como la industria alimentaria, impulsen la agricultura ecológica en el país a lo largo de los programas de abastecimiento y de producción, ya que el actual modelo agroindustrial está dañando recursos naturales como el agua, la tierra y nuestra salud, con el uso excesivo de fertilizantes sintéticos y plaguicidas en los campos de cultivo, restando calidad nutrimental a los alimentos. Empresas como Bimbo tienen un papel fundamental en el sistema alimentario, ya que produce alimentos para el 99% de los hogares mexicanos con los cuales tiene la oportunidad de ofrecer comida de mejor calidad para su salud y el medio ambiente.

Los últimos datos científicos refuerza la urgencia de actuar. Los primeros tres meses de 2016 fueron las más cálidas en el registro. El derretimiento de la capa de hielo de Groenlandia está ocurriendo a un ritmo sin precedentes y la contaminación por fertilizantes está ocasionando zonas muertas en los océanos a un ritmo de 30 episodios por año.

Sin embargo, también hay indicios prometedores de que el cambio necesario ya está sucediendo. La revolución de las energías renovables se está acelerando - 90% de la nueva generación de energía proviene de fuentes renovables en 2015, según la AIE; el consumo de carbón de China sigue disminuyendo; las emisiones globales de CO2 relacionadas con la energía se mantuvo estable por segundo año consecutivo.

Fuente: GREENPAECE MÉXICO

jueves, 3 de septiembre de 2015

Plagas y epidemias provocadas por la contaminación y el cambio climático


Como es bien sabido, la contaminación es fuente de problemas para la salud mundial, tanto a nivel humano como del medio ambiente. Su impacto de forma directa, mediante la polución, o indirecta, por ejemplo a través del cambio climático, crean desequilibrios que provocan plagas y epidemias a lo largo y ancho de nuestro planeta.

El mundo moderno y el ideal de modernidad al que aspiran los países en desarrollo supone un modelo de vida urbano, formado por megalópolis y grandes conurbaciones, en las que la vida se vive deprisa, rodeados de asfalto, contaminación acústica, lumínica y, cómo no, dentro de una gran nube de smog que no deja títere con cabeza.

A su vez, el crecimiento acelerado en países emergentes, la concentración industrial en áreas marginales y la producción a escala (incluyendo la sobre explotación del mar y demás producción alimentaria ) se traducen en más y más polución a nivel atmosférico, acuático, del suelo, en un uso y abuso de recursos limitados que nos sitúa en la cuerda floja.

De hecho, caminamos hacia la sexta gran extinción y, si no lo remediamos con determinación y urgencia el resultado no será otro que el acabose. Al menos, para el ser humano y para un sinfín de especies que han tenido la mala suerte de coincidir con nosotros. En realidad, algo sin importancia. Para qué engañarnos, lo cierto es que para el tiempo geológico, la presencia del ser humano sobre la faz de la Tierra habrá sido, simplemente, un suspiro. Un visto y no visto…

Mientras ese fatídico momento llega, sin prisa pero sin pausa, el ser humano anda desequilibrando ecosistemas y ocasionando trastornos, en muchas ocasiones sin haber ya punto de retorno. El cambio climático y sus nefastos efectos, que ya sen dejan sentir en forma de eventos extremos, son una clara muestra, pero hay otras muchas, como la ruptura del ciclo hidrológico mundial, los alarmantes niveles de polución atmosférica, de desechos o, sin ir más lejos, las malas prácticas empleadas por la agricultura intensiva.

Las enfermedades

Además de contribuir al calentamiento global, la contaminación atmosférica afecta a la salud mundial provocando enfermedades de distinto tipo y gravedad. Los informes de la ONU sobre el particular son para echarse a temblar, tanto por las millonarias cifras de muertos anuales como por el catálogo de patologías que ocasionan, entre otros cánceres, enfermedades cardiovasculares y problemas respiratorios.



Se trata, en efecto, de una epidemia mundial, con millones de víctimas cada año en todo el mundo. Además, a la lista negra hemos de añadir aquellos síntomas asociados, como la ansiedad, y aquellos otros que ya se consideran oficialmente “epidemias no infecciosas”, como los síntomas de alergias, agravados por la presencia de smog en la atmósfera.

En concreto, en un congreso internacional de la Academia Americana de Alergia, Asma e Inmunología (AAAI) se consideró que la alergia sería “la epidemia no infecciosa del siglo XXI”.

Los factores climáticos y ambientales se consideran determinantes en las alergias, tanto a consecuencia de la polución atmosférica como por el papel desencadenante que juega el cambio brusco de temperaturas. Si hasta ahora las alergias se asociaban al cambio de estación, ahora están multiplicándose a consecuencia de los eventos extremos que provoca el cambio climático.

El número de personas con alergia y la frecuencia de los epidodios y su intensidad (reacciones desmedidas que ponen en riesgo al paciente, los denominados cuadros de anafilaxia) se ha disparado de forma paralela al aumento de los niveles de contaminación. Según los expertos, para el 2015 más de la mitad de la población la sufrirá.

Igualmente, el cambio climático aumentado la temperatura global, trastocando con ello el mapa de enfermedades, por un lado ampliando sus áreas y, por otro, incrementando los casos en sus zonas tradicionales.



La agricultura

La agricultura convencional también es un punto de interés si de plagas se trata, y la razón es muy sencilla. Pensemos en el efecto que causa el uso de insecticidas y plaguicidas de composición química en un ecosistema, en cualquier entorno natural.

¿Qué resultado esperamos ante algo así? ¿Respeto, acaso fomento de la biodiversidad, un espacio natural, campos de cultivo que son pura naturaleza? Todo lo contrario, es obvio, y precisamente por ello se ocasionan desequilibrios importantes que pasan factura.



Los plaguicidas son biocidas que acaban con el equilibrio del ecosistema, impidiendo que sea su mismo equilibrio el que se autoregule y, entre otras consecuencias.

Las plagas en zonas donde no hay biodiversidad prosperan más fácilmente, pues no encuentran freno y prevenirlas sin recurrir a la química es prácticamente imposible. Se entra, por lo tanto, en un círculo vicioso, en el que se depende de ella.

Por contra, el hábitat característico de la agricultura ecológica es idónea los polinizadores y, en fin, busca propiciar la biodiversidad y aprovecharla para obtener beneficios ambientales y de productividad.



Los desechos

La basura también es un foco de polución que genera plagas. No solo los desechos acumulados en vertederos, auténticas montañas de desperdicios que suponen un grave impacto ambiental y suponen un peligro para la salud.

Hay otras muchas maneras de alterar los ecosistemas. Hablamos, por ejemplo, de las especies invasoras, que en realidad lo son por la acción del ser humano, y a él le corresponde solucionarlo de forma responsable, mediante políticas de control de población eficaces y éticas.

O, yendo a un caso insólito que no por ello deja de ser ilustrativo, los más de 107 millones de arañas que vivían en calidad de okupas en la Baltimore Wastewater Treatment Plant, cuyas telarañas abarcaban una superficie de unos 16.000 metros cuadrados.

Por extraño que parezca, no es sino una lógica y previsible respuesta de la Naturaleza a nuestra condición del homo basurus en el que nos hemos convertido. ¿Porqué, qué es en realidad más aterrador, las aguas residuales que se concentran en dicha planta o las arañas?

Anai Isan

lunes, 31 de agosto de 2015

El cambio climático va en serio, y muerde ¡Mejor no tocarle las orejas!


A menudo, parece que lo que no se ve no existe. Pero ya lo decía el principito, lo esencial es invisible a los ojos. En este caso, sin embargo, no podemos ponernos sentimentales. No se trata de andar mirando hacia adentro, sino más bien de tomar medidas urgentes para evitar el desastre que se nos viene encima. El cambio climático no se anda con chiquitas, y estamos acercándonos demasiado a la línea roja.

Los científicos nos advierten en vano. Aunque el negacionismo ha perdido fuelle, su llamada de socorro sigue sin obtener respuesta. Mientras, el cambio climático avanza como un tsunami que se nos va echando encima a cámara lenta, sin prisa pero sin pausa…

¿Pero, acaso hay un tiempo límite? La cuenta atrás se acerca a su fin. Se esperan consecuencias irreversibles si el aumento de temperatura supera los dos gratos antes de mediados de siglo, y para evitarlo habríamos de reducir las emisiones de gases de efecto invernadero, especialmente el CO2, entre un 40 y un 70 por ciento.

De no actuar a tiempo, y en vistas del objetivo así será, el avance disparará los eventos extremos, el deshielo y un rosario de desgracias de los que no se salvará nadie. Como un ruleta rusa, sufrir eventos extremos será cuestión de (mala) suerte, pero también es cierto que éstos serán más frecuentes y virulentos, y que se ensañarán con los más débiles. De hecho, ya lo está haciendo.



Desde 1880, la temperatura ha aumentado 1,4 grados de media y, teniendo en cuenta la inoperancia política y de organismos internacionales sumada a la falta de conciencia ciudadana, solo por la dieta occidental, rica en carne, para 2050 la temperatura podría dispararse 4 grados, según un reciente estudio del instituto londinense Chatham House. Y si ocurriese, los efectos serían catastróficos, tal y como puede verse en el vídeo.
Un cambio climático que no perdona

¿Podemos hablar de un fin del mundo inminente a consecuencia del cambio climático? Los científicos no dejan de hacerlo, y el culpable es el ser humano. Sus tres jinetes del apocalipsis: la superpoblación, la explotación de recursos y la contaminación.

Si los negacionistas son un lastre para actuar, la indiferencia de la gran mayoría todavía lo es más. Entre tanta pasividad, la ciencia sigue elevando la voz, aconsejando no jugar con el cambio climático. No ponerlo a prueba, pues luego podría ser ya demasiado tarde. Y es que, sin ser rencoroso, ni perdona ni olvida.

Su aviso es machacón. Predicar en el desierto exige ser inasequibles al desaliento, pero la ciencia es muy tozuda, la amenaza acecha, y ellos siguen errer que erre, insistiendo en la importancia de reaccionar con urgencia. Científicos de la NASA que ya advirtieron del colapso de la civilización acaban de anunciar que existen evidencias de que los hielos “están despertando”.



Aunque todavía no se atreven a a firmar que estamos en una nueva era de rápida pérdida de hielo, concluyen que el aumento del nivel del mar consecuencia del calentamiento global es inevitable y esperan que en los próximos 100 ó 200 años el nivel del mar aumentará al menos un metro. Para hacernos una idea, el agua se cobraría 100 metros de costa, tragándose acantilados, diques y otras barreras naturales.

Estimaciones anteriores del Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático de la ONU (IPCC) pronosticaron un “probable aumento” de un metro para finales de este siglo, cuando desde 1992 la subida ha sido de unnos 7,6 centímetros, si bien algunas zonas han alcanzado los 23 centímetros. Y, de producirse esa rápida pérdida de hielo, en un siglo el nivel del mar podría aumentar hasta tres metros, un aumento dramático de consecuencias catastróficas a las que habría que añadir transformaciones de distinta índole provocadas por el cambio climático.
Un hilito de esperanza

¿Hay motivos para la esperanza? Es lo último que se pierde, por lo tanto, las hay. Si queremos ser optimistas, un acto de volición que es más bien un acto de fe, algún que otro clavo ardiendo encontramos, como la próxima cumbre del clima que se celebrará a finales de año en París (COP21).

Tras la gran decepción que trajo la COP20, el mismo fiasco que ya ocurrió ya las anteriores citas, la reunión parisina se presenta como una gran incógnita. Si bien “los grandes temas se han postergado: las reglas para el próximo año y cómo lograr acción y ambición climática”, tal y como denuncia el responsable de cambio climático de Care International, Sven Harmeling, París sigue siendo un interrogante con respecto al tema crucial: lograr un acuerdo vinculante global y con una financiación clara.

La actitud y rol estadounidense en la COP21 se espera distinta. El anuncio de su histórico plan contra el cambio climático las vísperas de la Cumbre se han interpretado como una declaración de intenciones. Como gran potencia mundial, demostrar un mayor compromiso para alcanzar el acuerdo podría ser decisivo de cara a un futuro acuerdo.


Durante la reunión gala todas las miradas estarán puestas en Estados Unidos y, en especial en el papel que decida jugar su presidente, Barack Obama, impulsor del plan, un ambicioso programa de reducción de gases de efecto invernadero que aspira a hacer una gran diferencia. Igualmente, será crucial el rol que demuestren otras superpotencias, grandes contaminadores, de cuya actitud depende el futuro del planeta.

Aunque en París no se consiga un acuerdo capaz de reducir de forma efectiva los gases de efecto invernadero, un cambio de discurso apoyado con un compromiso real podría ser todo un hito. El tiempo apremia, es cierto, y por mucho que crece el uso de las energías renovables no por ello se reduce la combustión de carbón.

Por ahora, tenemos buenas promesas y nada concreto, con lo que el inclemente cambio climático seguirá avanzando. El problema sigue siendo el mismo de siempre, la ceguera humana, para la que lo importante es completamente invisible. Y, aunque la rosa es lo importante (en esto también estamos con el principito) esta vez no hay que elegir entre la rosa o el dinero. Es simple cuestión de supervivencia y, al menos por ahora, encontrar la solución solo depende de nosotros.

Jugando, jugando, hemos despertado a la fiera. Más vale no seguir molestándola. Eso sí, después de tocarle las orejas, lo suyo es salir corriendo. Pero va a ser complicado, más que nada porque no tenemos dónde ir. O quizá sí, quizá encontremos nuevos mundos que conquistar (léase explotar) y entonces, por fin, el planeta podrá librarse de nosotros.

Ana Isan

miércoles, 21 de enero de 2015

El cambio climático provocará el estancamiento del aire


La contaminación atmosférica no sólo dispara el cambio climático con sus emisiones de carbono, sino que además acabará agravando las consecuencias de esa polución mediante un estancamiento del aire que será especialmente duro en las ciudades.

En efecto, además de provocar el aumento de las temperaturas, del nivel del mar y toda una míriada de eventos extremos, el calentamiento global afecta al ciclo hidrológico y a la circulación atmosférica, con efectos que serán desastrosos en zonas habitadas.

La escasa circulación de las masas de aire agravará aún más el nivel de contaminación que sufrirán las ciudades y, en general, cualquier otro espacio polucionado, un problema que afectará especialmente a grandes áreas de India, México y la Amazonia, así como en el oeste de los Estados Unidos, según un estudio publicado en la revista Nature Climate Change.

Menos vientos y sequía

Este efecto del cambio climático ya se conocía, pero no suele centrar el interés de los científicos. En este estudio dirigido por Daniel E. Horton, sin embargo, se destaca su importancia y gran influencia en el estancamiento atmosférico.

A finales del siglo XXI, se espera una mayor frecuencia de situaciones críticas a consecuencia del estancamiento del aire en las zonas mencionadas y, en general, en la mayor parte de las regiones tropicales y subtropicales, así como en latitudes medias aisladas. Ello significará que los vientos serán cada vez más ligeros y habrá menos precipitaciones, con lo que la contaminación que normalmente se dispersa quedará estancada.


Los autores del estudio recuerdan la gravedad de las consecuencias que ya está ocasionando la contaminación atmosférica exterior en la salud, con un aumento de enfermedades y de la mortalidad prematura, que actualmente ya causa más de 7 millones de muertes anuales, según la Organización Mundial de la Salud.

Aunque el estancamiento en sí no es peligroso para la salud pública, cuando se produce en una atmósfera contaminada se convierte en un importante problema, que la ausencia de lluvias agrava más, si cabe. En un futuro próximo, ello obligará a fijar nuevos mínimos de contaminación atmosférica, pero sobre todo a cumplirlos, y a buscar maneras efectivas de limpiar el aire.

sábado, 13 de diciembre de 2014

Tirar menos comida y menos carne, claves contra el cambio climático


Los gases de efecto invernadero no cesan de aumentar, y con ellos el calentamiento del planeta, en situación crítica por el impacto que éste tendrá sobre el medio ambiente, incluyendo a personas, flora y fauna. Aunque la responsabilidad de la polución es claramente de multinacionales y de políticas ineficientes o, mejor, inexistentes, los hábitos ciudadanos podrían hacer una gran diferencia si se redujera drásticamente el desperdicio de alimentos y se comiera menos carne.

Además de prevenir la inseguridad alimentaria mundial, que amenaza con ser uno de los grandes problemas en un futuro próximo, estas soluciones podrían evitar a su vez que el cambio climático se disparase hasta niveles peligrosos para la humanidad, según concluye un estudio de la Universidad de Cambridge (Reino Unido) publicado en la revista Nature Climate Change.

Los autores del estudio llaman a la reflexión. Con las conclusiones de su trabajo buscan que se produzca un cambio en la dieta para acabar con varios problemas de un plumazo: menos carne supondría una alimentación más saludable, además de los beneficios ambientales y solidarios en pro de la seguridad alimentaria.



El estilo de vida de los países más desarrollados está extendiéndose a zonas que están mejorando su situación económica, con un resultado desastroso para el planeta. Los científicos apuestan por invertir la tendencia, en lugar de dejar que siga avanzando de forma exponencial, provocando problemas de sobra conocidos, que comprometen la viabilidad del medio ambiente, como la deforestación, el aumento de los gases de efecto invernadero, la pérdida de biodiversidad y una ganadería y agricultura intensivas que polucionan tremendamente.

La reducción de desechos alimentarios a la mitad y el fomento de una dieta equilibrada, con menos carne (dos raciones de 85 gramos de carne roja y cinco huevos por semana) podrían aliviar el creciente problema que supone el aumento de tierras de cultivo y de producción ganadera. Por contra, de seguir la tendencia actual, el crecimiento de población sumado al modelo de consumo actual sería una auténtica bomba de relojería, advierten los expertos de la Universidad de Cambridge.

Fuente: Ecología Verde

sábado, 22 de noviembre de 2014

Vídeo sobre los efectos del cambio climático en 2050


El cambio climático avanza imparable, y la previsión del tiempo dentro de 35 años, en el 2050, podría equipararse a una película de miedo, pues terroríficos serán los partes meteorológicos si no actuamos a tiempo, advierte la ONU. Serán habituales los eventos extremos, en forma de sequías severas e interminables, olas de frío a destiempo y también olas de calor constantes y más intensas, huracanes, tormentas, inundaciones… que además se sufrirán en escenarios muy cambiados.

Por ejemplo, el Mediterráneo dejará de ser un paraíso turístico, convirtiéndose poco menos que en un erial. Por contra, las zonas ahora más frías, se tornarán cálidas, y serán polo de atracción para el turismo zonas que antaño eran las emisoras de turistas, como el norte de Europa.

Islandia tendrá una vegetación similar a la de Toscana y, como anécdota, los vinos españoles o franceses, es decir, los mejores vinos del mundo se producirán también en zonas que ahora se consideran demasiado frías para su producción. O, sorpresa, sorpresa… la variación térmica haría de Alaska un lugar perfecto para celebrar unos Juegos Olímpicos… de verano. Y la pregunta del millón: ¿entonces, dónde celebrar los de invierno?




Cambios, cambios y más cambios, y un clima más cálido, y variaciones que son imprevisibles, si bien a grandes rasgos podemos saber que, en general, el futuro que nos espera dentro de cuatro décadas es un infierno climático. Así lo afirman las Naciones Unidas y la Organización Meteorológica Mundial (OMM), unidas en la creación y difusión de una campaña que busca concienciar sobre la necesidad de actuar para combatir el cambio climático.

En un vídeo elaborado por la OMM (puedes verlo al final del post) se simula una situación que podría convertirse en realidad dentro de cuatro décadas. Un día como hoy, 23 de septiembre del año 2050, que marca el comienzo del otoño, las temperaturas perfectamente podrían rondar los 40 grados: En un Japón futurible se superan los 35 grados por una ola de calor que estaría siendo habitual en los últimos años al comienzo del otoño. Y lo mismo podría decirse de otras latitudes, que sufrirían un sol abrasador, como por ejemplo en Chicago, y en Miami sufrirían inundaciones…



Estas y otras consecuencias no menos catastróficas que el vídeo recrea virtualmente, serán las consecuencias irreversibles que tendría el aumento de temperatura de más de dos grados si antes de mediados de siglo no reducimos entre un 40 ó 70 por ciento las emisiones de gases invernadero. De no actuar a tiempo, el avance traerá dramáticas consecuencias. No en vano, desde 1880, la temperatura ha aumentado 1,4 grados de media.

Una Cumbre del clima sin expectativas

Las desalentadoras expectativas de la última Cumbre del Clima ya se percibían en las multitudinarias manifestaciones ciudadanas celebradas este domingo, la víspera del inicio de esta reunión, que se celebra esta semana en Nueva York y en la que más de 120 líderes de todo el mundo han de afrontar el difícil reto de lograr un acuerdo climático vinculante antes de finales de 2015. En todo caso, se espera mejorar aunque sólo sea de forma mínima los decepcionantes resultados de las cumbres anteriores, si bien la voluntad política no da para mucho más.


Sin embargo, suceda lo que suceda, al menos se cree que el evento podría servir para avanzar con respecto a alianzas que pueden resultar beneficiosas. En especial, se espera que seis petrolera se unan a gobiernos y organizaciones ambientales para reducir las fugas de metano en la producción de gas natural, y también se espera que haya compromisos para combatir la deforestación. Con suerte, la Cumbre también podría servirnos para impulsar iniciativas que signifiquen un avance en una menor polución agrícola.

Fuente: Ecología Verde


sábado, 7 de junio de 2014

Los cambios climáticos

Los océanos juegan un papel fundamental en la regulación del equilibrio climático global de la Tierra: absorben el calor y lo redistribuyen en el mundo a través de las corrientes marinas y las interacciones con la atmósfera. Absorben igualmente fracciones de gas presentes en la atmósfera.

El aumento de las concentraciones de gas de efecto invernadero en la atmósfera comporta una elevación de la temperatura media de los océanos. Además, la absorción de grandes cantidades de CO2 determina un aumento de la acidez del agua.

Se estima que los océanos son ahora el 30% más ácidos de lo que fueron antes de la Revolución Industrial. Las consecuencias de este fenómeno se han hecho sentir ya, en particular con el deterioro de amplias zonas de arrecifes de coral.

Los científicos piensan que esta acidificación podría reducir las reservas de carbonatos de calcio presentes en las aguas marinas, en particular el aragonito, una sustancia muy importante al ser utilizada por numerosos organismos para construir el caparazón.

Según un reciente informe de las Naciones Unidas, los océanos sanos constituyen, por el contrario, el sistema de captura y de almacenamiento del carbono más eficaz y rentable del planeta. Gran parte de las emisiones, por ejemplo, es interpolada y conservada por ecosistemas marinos como los manglares, los pantanos y las praderas submarinas. Si se moderara la deforestación terrestre, y a su vez se restableciera el equilibrio de estos ecosistemas marinos, se reducirían en un 25% las emisiones, conjurando de esta forma peligrosos cambios climáticos .

Sin embargo, ese mismo informe –Blue Carbone: The Role of Healthy Oceans in Binding Carbon (Carbono azul: el papel de los océanos sanos en fijar el carbono), predispuesto por eminentes científicos y tres agencias de la ONU -Programa de las Naciones Unidas para el Ambiente (PNUA), Organización para la Alimentación y la Agricultura (FAO), Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO)– destaca que lejos de mantener y apoyar estos pozos naturales de carbono, la humanidad los arruina a una velocidad cada vez más sostenida. Cada año se destruye hasta el 7% de los “pozos azules de carbono”, es decir, siete veces más de lo que ocurría hace 50 años.


Fuente: Slow Fish

lunes, 2 de junio de 2014

Cambio Climático, Calentamiento Global y Efecto Invernadero


Mapa muestra la diferencia entre el promedio de temperatura
de 10 años (2000 y el 2009) comparado con el promedio de 1951 a 1980.
Nótese que el aumento de temperaturas es mayor en los polos
y que hay un aumento generalizado.
El Cambio Climático es un cambio significativo y duradero de los patrones locales o globales del clima, las causas pueden ser naturales, como por ejemplo, variaciones en la energía que se recibe del Sol, erupciones volcánicas, circulación oceánica, procesos biológicos y otros, o puede ser causada por influencia antrópica (por las actividades humanas), como por ejemplo, a través de la emisión de CO2 y otros gases que atrapan calor, o alteración del uso de grandes extensiones de suelos que causan, finalmente, un calentamiento global. Más detalles en ¿Qué es el Cambio Climático? y Causas del Cambio Climático.
Aumento de las temperaturas Globales
El Calentamiento Global es un aumento de la temperatura de la atmósfera terrestre que se ha estado observando desde finales del siglo XIX. Se ha observado un aumento de aproximadamente 0.8 ºC desde que se realizan mediciones confiables, dos tercios de este aumento desde 1980. Hay una certeza del 90% (actualizada a 95% en el 2013) de que la causa del calentamiento es el aumento de gases de efecto invernadero que resultan de las actividades humanas como la quema de combustibles fósiles (carbón, gasolina, gas natural y petróleo) y la deforestación.
Diagrama del Efecto Invernadero
El Efecto Invernadero es un fenómeno natural en el cuál la radiación de calor de la superficie de un planeta, en este caso la Tierra, es absorbida por los gases de la atmósfera y es reemitida en todas direcciones, lo que resulta en un aumento de la temperatura superficial. Los gases más eficientes en absorber el calor se llaman gases de efecto invernadero o gases de invernadero, entre ellos está el CO2 que es el que la humanidad en su consumo de recursos ha aumentado a niveles nunca vistos previamente y está causando el calentamiento global.