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lunes, 28 de noviembre de 2016

Rostros no datos

¿De dónde les viene la sonrisa a Graciela, a Carlos, a Lizette, a Marisa? ¿De dónde la fuerza para andar y tratar de motivar al otro -al padre de un niño enfermo de los riñones, a la madre de otro pequeño ya muerto, al pescador que ya no pesca, - a que sigan defendiendo su río de la contaminación?

¿De dónde? si a su alrededor ya no crecen árboles, ya no se da lo que siembran, si la piel se llena de manchas y la garganta se cierra de sólo andar en las calles, incluso aunque cierren sus ventanas porque la contaminación que emana del río Santiago, con su olor fétido y sus vapores que aturden, se cuelan en cada casa, en cada cuerpo.


Imágenes de Diego Uriarte

Ellos dicen que les viene de la añoranza, de la conciencia, pasando por la indignación y de la esperanza. Sí, de la añoranza por el río limpio que tuvieron; de la conciencia e indignación por el río sucio que ahora tienen y de la esperanza por el río recuperado que quieren tener.

Lizette Santana, una de las personas que trabaja por recuperar este río en Jalisco dice muy claro de dónde viene eso que la hace seguir adelante: 

“Yo soy de la Ciudad de México pero la primera vez que vine al Salto fue… nunca había visto algo  
tan impresionante como esta cascada; el olor y el estar aquí es insoportable, es sentir que tu cuerpo realmente está resistiendo porque no puedes no pensar en dónde estás, se ve, se escucha, huele, sientes que todos tus sentidos despiertan y eso mismo pasó en mi cabeza…

“Estar aquí y ver que es una lucha cotidiana para muchos, que la gente aquí está enferma y aún así tiene ganas de estar viva y de resistir y de luchar fue lo más importante y aunque yo no sea de este estado, soy de la cuenta del río Lerma-Chapala- Santiago, las divisiones territoriales de los estados existen pero en realidad somos una misma cuenca y tenemos que trabajar juntos por ella.

Y eso intentan todo el tiempo. A pesar de que llevan más de una década de trabajo y no han logrado que ninguna autoridad se comprometa realmente al rescate del río, a regular a las más de 400 empresas que descargan sus aguas contaminadas, siguen en su inquebrantable empeño por denunciar esto, que incluso los expertos del Grupo de Trabajo Sobre Empresas y Derechos Humanos de las Naciones Unidas, en su visita oficial a la cascada de El Salto de Juanacatlán, en septiembre del año en curso, catalogaron como una “catástrofe ecológica”.

Así es Chela, como todos la conocen. Graciela González, habitante de El Salto y fundadora de la organización Un Salto de Vida, dice que ahí les han impuesto la muerte pero que ella no se resigna. Quiere dejar a sus nietos la posibilidad de jugar otra vez en el río, de que no se los coma una enfermedad y que crezcan y puedan recuperar la salud y la dignidad de El Salto, esta comunidad que debería ser muy rica por el simple hecho de tener un río pero que está sumergida en la pobreza porque las fábricas han contaminado su tierra, su agua, sus cuerpos y no hay progreso posible en esas condiciones.


“El río nos ha dado juego, comida, sustento, era majestuoso y tan soberano, por eso estoy trabajando porque hay que recuperar esa memoria de la naturaleza, la vida a la que tenemos derecho y la esperanza”.

Pareciera que es difícil recuperar este cuerpo de agua cuando la Planta de Tratamiento de Aguas Residuales El ahogado – que se supone se puso en marcha para ayudar a la recuperación y restauración ecológica de la región- no lo ha logrado. 

Estudios realizados por Greenpeace en agua y sedimentos de la zona revelan que se encontraron 101 químicos orgánicos aislados, algunos considerados de alto riesgo para la salud de las personas y del ecosistema. Pero estos datos no deben paralizarnos sino ser esa señal de alerta que todos atendamos.

No son los datos encontrados hasta ahora los que van a decidir el futuro del río Santiago, no son los datos de los nonifenoles, los ftalatos, , bencenos o el cloroformo detectados los que dictarán a la gente que es tiempo de darse por vencidos. Al contrario.

No son los datos los que secarán este río. Son los rostros, la gente como Lizette, como Graciela, como Carlos Roque -que a sus 29 años dedica gran tiempo a esta lucha en lugar de la fiesta- o como Marisa Yañez quien se niega a ver esto como normal, como algo con lo que tiene que vivir, los que harán posible que el río viva otra vez.


Así que seamos un rostro más de esta lucha, y como dice Marisa: “combatamos la contaminación de este y todos los ríos de nuestro país pero a través del combate contra la apatía”.


Angélica Simón 
Coordinadora de comunicaciones de Greenpeace México. 
Periodista de formación por la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM y activista por vocación, trabaja en Greenpeace desde 2009.

lunes, 14 de noviembre de 2016

Nueva Delhi, la ciudad más contaminada del mundo


Si India es uno de los países del mundo más contaminados, Nueva Delhi tiene el triste récord de ser la ciudad más polucionada de aquel país y, además, también del planeta. Una triste realidad que no parece poder remediarse.

Son muchos los picos de smog que copan titulares en medios de comunicación de todo el mundo, si bien el problema es permanente. Un drama ambiental y de salud pública que también padecen en distinta medida otras 13 ciudades indias, -como Kanpur, Lucknow o Bombay-, entre las 20 más contaminadas del mundo, según datos de la Organización Mundial de la Salud.

Lejos de mejorar, la situación sigue empeorando. En Nueva Delhi el problema no solo es el smog tóxico sino sus insoportables niveles, que hace apenas unos días alcanzó unos niveles de auténtico espanto.


Coincidiendo con la fiesta hindú del Diwali, se observó un aumento de las partículas polucionantes presentes en el aire. En concreto, los Valores del Índice de Calidad del Aire (ICA o AQI, por su siglas en inglés) alcanzaron un 999, un número increíble si tenemos en cuenta que los valores superiores a 500, cuando esta cifra es el tope en las evaluaciones estándar.

Una polución de récord

Es decir, se duplica una cifra extrema, pues los valores de la calidad del aire que se respira están expresados en una escala de 0 a 500, de acuerdo con la Agencia Medioambiental de Estados Unidos.

En concreto, estas mediciones se refieren a las partículas PM 2,5 (están en suspensión y tienen un diámetro menor de 2,5 micras), normalmente utilizadas como indicador de la polución urbana por ser nefastas para nuestra salud debido a su pequeño tamaño. Al ser ínfimas, entran en nuestro organismo a través de las vías respiratorias, desde donde pueden pasar al sistema circulatorio y, por lo tanto, al resto del organismo a través de los pulmones.

Distintas causas

Su origen es antropogénico. Es decir, el ser humano las provoca a través de distintas actividades. Entre otras, el tráfico, sobre todo mediante emisiones de vehículos diesel, la combustión de carbón en cocinas y calefacción, pongamos por caso, o la quema de elementos sobrantes en el campo. Además, pueden tener un componente natural, pero su presencia resulta insignificante en estos casos.




Volviendo al pico de polución que ha sufrido Nueva Delhi, además de esas cifras alarmantes de promedio, en algunos puntos de la ciudad la situación era especialmente extrema, con niveles de partículas hasta 16 veces mayores que el nivel considerado seguro por el gobierno indio.

Su origen es variado. Una suma de focos que han envuelto a la ciudad en una densa nube tóxica. Por un lado, la mencionada celebración (conocida como “la navidad hindú” o “fiesta de las luces”) implicó el uso y abuso de petardos y fuegos artificiales, al tiempo que se encienden velas y lámparas de aceite.

Aún así, hay que apuntar que se consiguió reducir el número de petardos gracias a un llamamiento previo, en torno a la mitad menos. Pero sirvió de poco, visto lo visto.

Además de la pirotecnia la mala calidad del aire se agravó todavía mas por la quema de cultivos llevada a cabo de forma masiva para deshacerse de la paja sobrante, así como por la construcción y el tráfico rodado.

Por si fuera poco, la bajada de las temperaturas propia de la actual temporada de invierno lleva a mucha gente a quemar basuras para calentarse, provocando un aire las más de las veces altamente tóxico. Con el agravante de que también se usa el carbón para generar electricidad.

Igualmente, en los últimos años la ciudad ha visto cómo la rápida urbanización y las emisiones industriales no cesan de aumentar, con lo que el cóctel tiene muchos ingredientes. O, lo que es lo mismo, a consecuencia de ello afrontar la situación es muy complicado.

Un grave riesgo para la salud

El resultado de tan terrible suma de circunstancias fue una espesa humareda que dificultaba ver, tanto en la calle como incluso dentro de las casas y en los túneles del metro.


Un aire contaminado en extremo, que hizo que un barrio de la capital india (el RK Puram, ubicado en el sur) alcanzara el citado récord de los 1.000 microgramos de partículas finas por metro cúbico de aire.

La situación, posteriormente, no ha cambiado demasiado. Esta semana, por ejemplo, los niveles de estas partículas rondan los 700 microgramos por metro cúbico.

No en vano, este nivel de polución atmosférica provoca un daño similar al que podemos sufrir fumando dos cajetillas de tabaco diarios. Es decir, resulta mucho más perjudicial que en escenarios que nos convierten en fumadores pasivos, con lo que ello puede suponer para grupos vulnerables.

Sobre todo, niños, ancianos, personas alérgicas y con problemas respiratorios, enfermos en general y convalecientes. Tanto por tener problemas para respirar como por tener un sistema inmune debilitado a consecuencia de su corta o avanzada edad o, en el caso de los adultos, de los distintos problemas de salud.


Como es fácil imaginar, las visitas al hospital se multiplicaron por problemas respiratorios o agravamiento de enfermedades y, por su parte, el gobierno aconsejó acudir al hospital a todo aquel que sintiese “falta de aire, mareos, dolor en el pecho, y presión en el pecho”.

Evitar las actividades físicas en el exterior fue otro de los consejos de las autoridades, aunque teniendo en cuenta que no se veía más allá de dos palmos y la gravedad de la polución era puro sentido común hacerlo. Y, sea como fuere, no cabe duda de que la única solución válida es aquella que permita avanzar a largo plazo.

Ana Isan

jueves, 3 de septiembre de 2015

Plagas y epidemias provocadas por la contaminación y el cambio climático


Como es bien sabido, la contaminación es fuente de problemas para la salud mundial, tanto a nivel humano como del medio ambiente. Su impacto de forma directa, mediante la polución, o indirecta, por ejemplo a través del cambio climático, crean desequilibrios que provocan plagas y epidemias a lo largo y ancho de nuestro planeta.

El mundo moderno y el ideal de modernidad al que aspiran los países en desarrollo supone un modelo de vida urbano, formado por megalópolis y grandes conurbaciones, en las que la vida se vive deprisa, rodeados de asfalto, contaminación acústica, lumínica y, cómo no, dentro de una gran nube de smog que no deja títere con cabeza.

A su vez, el crecimiento acelerado en países emergentes, la concentración industrial en áreas marginales y la producción a escala (incluyendo la sobre explotación del mar y demás producción alimentaria ) se traducen en más y más polución a nivel atmosférico, acuático, del suelo, en un uso y abuso de recursos limitados que nos sitúa en la cuerda floja.

De hecho, caminamos hacia la sexta gran extinción y, si no lo remediamos con determinación y urgencia el resultado no será otro que el acabose. Al menos, para el ser humano y para un sinfín de especies que han tenido la mala suerte de coincidir con nosotros. En realidad, algo sin importancia. Para qué engañarnos, lo cierto es que para el tiempo geológico, la presencia del ser humano sobre la faz de la Tierra habrá sido, simplemente, un suspiro. Un visto y no visto…

Mientras ese fatídico momento llega, sin prisa pero sin pausa, el ser humano anda desequilibrando ecosistemas y ocasionando trastornos, en muchas ocasiones sin haber ya punto de retorno. El cambio climático y sus nefastos efectos, que ya sen dejan sentir en forma de eventos extremos, son una clara muestra, pero hay otras muchas, como la ruptura del ciclo hidrológico mundial, los alarmantes niveles de polución atmosférica, de desechos o, sin ir más lejos, las malas prácticas empleadas por la agricultura intensiva.

Las enfermedades

Además de contribuir al calentamiento global, la contaminación atmosférica afecta a la salud mundial provocando enfermedades de distinto tipo y gravedad. Los informes de la ONU sobre el particular son para echarse a temblar, tanto por las millonarias cifras de muertos anuales como por el catálogo de patologías que ocasionan, entre otros cánceres, enfermedades cardiovasculares y problemas respiratorios.



Se trata, en efecto, de una epidemia mundial, con millones de víctimas cada año en todo el mundo. Además, a la lista negra hemos de añadir aquellos síntomas asociados, como la ansiedad, y aquellos otros que ya se consideran oficialmente “epidemias no infecciosas”, como los síntomas de alergias, agravados por la presencia de smog en la atmósfera.

En concreto, en un congreso internacional de la Academia Americana de Alergia, Asma e Inmunología (AAAI) se consideró que la alergia sería “la epidemia no infecciosa del siglo XXI”.

Los factores climáticos y ambientales se consideran determinantes en las alergias, tanto a consecuencia de la polución atmosférica como por el papel desencadenante que juega el cambio brusco de temperaturas. Si hasta ahora las alergias se asociaban al cambio de estación, ahora están multiplicándose a consecuencia de los eventos extremos que provoca el cambio climático.

El número de personas con alergia y la frecuencia de los epidodios y su intensidad (reacciones desmedidas que ponen en riesgo al paciente, los denominados cuadros de anafilaxia) se ha disparado de forma paralela al aumento de los niveles de contaminación. Según los expertos, para el 2015 más de la mitad de la población la sufrirá.

Igualmente, el cambio climático aumentado la temperatura global, trastocando con ello el mapa de enfermedades, por un lado ampliando sus áreas y, por otro, incrementando los casos en sus zonas tradicionales.



La agricultura

La agricultura convencional también es un punto de interés si de plagas se trata, y la razón es muy sencilla. Pensemos en el efecto que causa el uso de insecticidas y plaguicidas de composición química en un ecosistema, en cualquier entorno natural.

¿Qué resultado esperamos ante algo así? ¿Respeto, acaso fomento de la biodiversidad, un espacio natural, campos de cultivo que son pura naturaleza? Todo lo contrario, es obvio, y precisamente por ello se ocasionan desequilibrios importantes que pasan factura.



Los plaguicidas son biocidas que acaban con el equilibrio del ecosistema, impidiendo que sea su mismo equilibrio el que se autoregule y, entre otras consecuencias.

Las plagas en zonas donde no hay biodiversidad prosperan más fácilmente, pues no encuentran freno y prevenirlas sin recurrir a la química es prácticamente imposible. Se entra, por lo tanto, en un círculo vicioso, en el que se depende de ella.

Por contra, el hábitat característico de la agricultura ecológica es idónea los polinizadores y, en fin, busca propiciar la biodiversidad y aprovecharla para obtener beneficios ambientales y de productividad.



Los desechos

La basura también es un foco de polución que genera plagas. No solo los desechos acumulados en vertederos, auténticas montañas de desperdicios que suponen un grave impacto ambiental y suponen un peligro para la salud.

Hay otras muchas maneras de alterar los ecosistemas. Hablamos, por ejemplo, de las especies invasoras, que en realidad lo son por la acción del ser humano, y a él le corresponde solucionarlo de forma responsable, mediante políticas de control de población eficaces y éticas.

O, yendo a un caso insólito que no por ello deja de ser ilustrativo, los más de 107 millones de arañas que vivían en calidad de okupas en la Baltimore Wastewater Treatment Plant, cuyas telarañas abarcaban una superficie de unos 16.000 metros cuadrados.

Por extraño que parezca, no es sino una lógica y previsible respuesta de la Naturaleza a nuestra condición del homo basurus en el que nos hemos convertido. ¿Porqué, qué es en realidad más aterrador, las aguas residuales que se concentran en dicha planta o las arañas?

Anai Isan

jueves, 13 de agosto de 2015

La Agencia de Protección Ambiental contamina el río Colorado


El río Colorado, una de las principales vías fluviales de Estados Unidos, sirve para regar los cultivos y para abastecer de agua potable a más de 30 millones de personas. Pero, además, este enorme río tiene otro uso: recibir algunos de los vertidos tóxicos más escandalosos de los que se tiene noticia. En esta última ocasión, el vertido ha teñido el agua de un amarillo mostaza que proviene de unos negligentes trabajos en una mina.

Millones de litros de residuos tóxicos procedentes de ha afectado al río en unos 160 kilómetros. Como ocurre a menudo, el río sufrió un vertido contaminante, pero una imagen vale más que mil palabras, por lo que bastó que su curso de agua adquiriera un chivato color mostaza para que el suceso diera la vuelta al mundo. Su viralidad estaba cantada.



El problema, sin embargo, es mucho más frecuente de lo que se cree, aunque pocas veces el causante es la propia Agencia de Protección Ambiental (EPA) del país. Sus técnicos fueron los responsables del accidente el pasado 5 de agosto en el condado de San Juan, al suroeste del estado de Colorado, cuando intentaban solucionar las descargas de contaminantes de la explotación de una mina abandonada que se utilizaba como reclamo turístico.

Un nuevo vertido

Finalmente, el remedio fue peor que la enfermedad y un equipo federal de limpieza de minas demostró que lo suyo no es la profesionalidad, precisamente, y vertió por accidente millones de litros de residuos en el arroyo Ánimas, afluente del Colorado.

Como era de esperar, los efectos en el cauce general no tardaron en apreciarse a simple vista… Pese a su espectacularidad, a pesar también del golpe ambiental que ello ha supuesto, el accidente no ha amenazado el suministro de agua potable. Oficialmente, al menos, así se ha determinado, una decisión sorprentende, habida cuenta de la presencia de arsénico y plomo en el agua.



Las mismas autoridades ambientales han provocado un desastre ecológico que, como no podía ser de otra manera, ha provocado el descontento de los vecinos y una avalancha de críticas. Al menos, se espera que la metedura de pata sirva para tomar las debidas precauciones, con el fin de evitar que futuras reahabilitaciones de minas abandonadas provoquen una catástrofe similar.

Se trata de una bomba de relojería, de un campo de minas en todo el país, con un gran peligro potencial. Solo en la cuenca del Animas hay alrededor de 400 minas abandonadas, y muchas de ellas tienen problemas de vertidos de metales pesados.

Anteriormente, el río ha sufrido poluciones similares, pero “no tan llamativas”, apuntan desde Animas River Stakeholders Group (ARSG), una organización que busca mejorar la calidad del agua del río. En concreto, el de 1975, uno de los más sonados, pintó las aguas de color aluminio.



Un río que desaparece

Si los distintos atentados ambientales pueden calificarse de desastres abmientales, no lo es menos su progresiva pérdida de caudal. Desde principios de siglo los científicos vienen advirtiendo de su constante e imparable reducción de flujo, con un pronóstico desastroso hacia 2050, ya que éste podría reducirse a la mitad.

El cambio climático es la principal razón por la que el río está secándose a marchas forzadas, de acuerdo con un estudio llevado a cabo por la University of Colorado.

Y, lógicamente, si peligra su subsistencia no solo sufrirá un duro golpe la economía local, sino que también lo hace la de las poblaciones que se abastecen y viven de ella, amén del irrecuperable daño ambiental que supondrá para los ecosistemas de la zona. Eso sí, la devastación que se espera podría ver acortada su agonía a golpe de derrames tóxicos… ¿De qué color se teñirá la próxima vez?

miércoles, 21 de enero de 2015

El cambio climático provocará el estancamiento del aire


La contaminación atmosférica no sólo dispara el cambio climático con sus emisiones de carbono, sino que además acabará agravando las consecuencias de esa polución mediante un estancamiento del aire que será especialmente duro en las ciudades.

En efecto, además de provocar el aumento de las temperaturas, del nivel del mar y toda una míriada de eventos extremos, el calentamiento global afecta al ciclo hidrológico y a la circulación atmosférica, con efectos que serán desastrosos en zonas habitadas.

La escasa circulación de las masas de aire agravará aún más el nivel de contaminación que sufrirán las ciudades y, en general, cualquier otro espacio polucionado, un problema que afectará especialmente a grandes áreas de India, México y la Amazonia, así como en el oeste de los Estados Unidos, según un estudio publicado en la revista Nature Climate Change.

Menos vientos y sequía

Este efecto del cambio climático ya se conocía, pero no suele centrar el interés de los científicos. En este estudio dirigido por Daniel E. Horton, sin embargo, se destaca su importancia y gran influencia en el estancamiento atmosférico.

A finales del siglo XXI, se espera una mayor frecuencia de situaciones críticas a consecuencia del estancamiento del aire en las zonas mencionadas y, en general, en la mayor parte de las regiones tropicales y subtropicales, así como en latitudes medias aisladas. Ello significará que los vientos serán cada vez más ligeros y habrá menos precipitaciones, con lo que la contaminación que normalmente se dispersa quedará estancada.


Los autores del estudio recuerdan la gravedad de las consecuencias que ya está ocasionando la contaminación atmosférica exterior en la salud, con un aumento de enfermedades y de la mortalidad prematura, que actualmente ya causa más de 7 millones de muertes anuales, según la Organización Mundial de la Salud.

Aunque el estancamiento en sí no es peligroso para la salud pública, cuando se produce en una atmósfera contaminada se convierte en un importante problema, que la ausencia de lluvias agrava más, si cabe. En un futuro próximo, ello obligará a fijar nuevos mínimos de contaminación atmosférica, pero sobre todo a cumplirlos, y a buscar maneras efectivas de limpiar el aire.

miércoles, 24 de diciembre de 2014

Contaminación del suelo: causas, consecuencias y soluciones


La contaminación del suelo supone la alteración de la superficie terrestre con sustancias químicas que resultan perjudiciales para la vida en distinta medida, poniendo en peligro los ecosistemas y también nuestra salud.

Esta alteración de la calidad de la tierra puede obedecer a muy diferentes causas, y del mismo modo sus consecuencias provocan serios problemas de salubridad que afectan gravemente a la flora, fauna o a la salud humana a lo largo del tiempo.

Lo hacen, por ejemplo, a través de la agricultura o afectando al equilibrio del ecosistema, polucionando el agua potable o el agua de riego, ya sea por entrar en contacto con estos lugares o por el simple hecho de que proceda de ellos. Lamentablemente, no siempre puede solucionarse el problema, y en ocasiones sólo se recupera parcialmente, con la consiguiente degradación del área.

Causas de la contaminación

El contacto con el área polucionada no siempre es directo. Es lo que ocurre cuando se entierran sustancias tóxicas bajo el suelo y éstas acaba contaminando aguas subterráneas que luego se utilizan para regar, para beber o acaban intoxicándonos a través de la cadena alimentaria o trófica, al comer pescado, aves o cualquier otro animal contaminado.


El almacenamiento incorrecto de residuos, su vertido intencionado o accidental, la acumulación de basuras en su superficie o el enterramiento de los mismos, así como fugas en tanques superficiales o subterráneos por averías o infraestructuras deficientes son algunas de sus principales causas.

Sin embargo, la lista es mucho más larga. Podemos citar otras causas no menos importantes, como las fugas radiactivas, el uso intensivo de pesticidas o abonos químicos, la minería, las actividades de la industria química, los metales pesados que vomita el tubo de escape del tráfico rodado y las chimeneas de la industria, los materiales de construcción , – sobre todo por la escorrentía del agua que disemina los productos nocivos-, el alcantarillado antiguo en mal estado o, sin ir más lejos, la misma lluvia ácida.



Habida cuenta de la variedad de los focos de contaminación, las causas a menudo son difíciles de identificar, ya que los contaminantes pueden llegar hasta las plantas o los animales o, pongamos por caso, contaminar el agua por muy diferentes razones que no siempre resultan obvias.

Las consecuencias

La pérdida de calidad del terreno supone una serie de consecuencias negativas que van desde su desvalorización hasta la imposibilidad de uso para construir, cultivar o, simple y llanamente, para albergar un ecosistema sano.

Las consecuencias pueden sufrirse de forma silenciosa, provocando un constante goteo de víctimas, ya sean humanas o de especies animales y vegetales, como manifiesta. En este segundo caso, se trata de una contaminación abrupta que causa auténticas catástrofes ambientales y muchas víctimas.

La fuga radioactiva de la central japonesa de Fukushima es un claro ejemplo, pues la contaminación del suelo ha afectado a la agricultura, la ganadería y la pesca. Incluso se ha encontrado cesio radiactivo frente a la costa de Fukushima, concretamente en el fondo marino terroso procedente de esos mismos vertidos, según un reciente estudio del Instituto de Ciencias Industriales de la Universidad de Tokio, la Universidad de Kanazawa y el Instituto Nacional de Investigación.


Por otro lado, junto a un lógico deterioro del paisaje por el empobrecimiento del ecosistema, a menudo una pérdida irreversible, la contaminación del suelo supone pérdidas millonarias al impedir la explotación de ese entorno natural por parte de la población autóctona o de inversores industriales.

Las soluciones

La prevención es la mejor solución, de eso no cabe duda, pero también es cierto que no siempre se puede (ni se quiere) evitar este tipo de contaminación. En ocasiones se producen accidentes o lo ocasiona la lluvia ácida, con lo que es difícilmente controlable, cuando no imposible.

Yendo directamente a las raíces del problema, sería necesario un drástico cambio del modelo productivo o una prohibición de determinadas prácticas como la extracción minera, la actividad industrial que produce desechos tóxicos o, por ejemplo, el uso de fertilizantes y abonos artificiales.

Así las cosas, esas premisas no son sino pura utopía. Por lo tanto, ante hechos consumados, se buscan soluciones que van desde la limpieza de la zona hasta la simple delimitación de la zona dañada y la prohibición de su uso para determinadas actividades. En casos graves, como el de Fukushima las áreas afectadas no son aptas para la vida.

Y, puesto que la contaminación ha aumentado en las últimas décadas a consecuencia de la industrialización y del desarrollo urbano, las soluciones provienen precisamente del control de estos focos. Habitualmente, las actuaciones de centran en la mejora de las plantas de reciclaje para reducir la contaminación del suelo y, al mismo tiempo, del agua, pues aquella acaba polucionándola


La bioremediación de los suelos es una estrategia que busca restaurar ecosistemas contaminado utilizando seres vivos, como bacterias, plantas, hongos… Dependiendo del tipo de contaminación que se qiera combatir se utilizará uno u otro agente bioremediador. Su aplicación es amplia, con resultados interesantes en suelos contaminados por radiactividad o, por ejemplo, por actividades mineras.

Como buenas prácticas, un adecuado recilaje de basuras y depuración de desechos, la promoción de las energías renovables y desechos a nivel industrial y doméstico o el fomento de la agricultura ecológica ayudaría a mantener los suelos libres de polución. Mantener las redes de alcantarillado en buen estado y mejorar la depuración de las aguas residuales, así como el tratamiento de los vertidos industriales que se devuelven a la naturaleza.

lunes, 12 de mayo de 2014

Causas y efectos de la contaminación por petróleo

Son bastantes las causas y los efectos de la contaminación por hidrocarburos. Uno de los mayores problemas es que el equipo utilizado no siempre es mantenido adecuadamente. Cuando esto ocurre pueden ocurrir fugas, y no habrá nada que los operadores de buques sean capaces de hacer para rápidamente detener el problema.

Con los recortes presupuestarios, muchos propietarios han considerado no hacer el mantenimiento que deberían, sienten que es una forma de reducir los costos, pero están jugando, literalmente, con fuego. Cuando se produce un derrame de petróleo puede ser responsable de pagar la factura, aunque cada vez que hay un derrame de petróleo, los consumidores finales serán los más afectados económicamente, pues tendrán que pagar más por el combustible que utilizan.

Es importante entender la cantidad de vida marina que puede ser destruida debido a los derrames de petróleo. Existen más formas de vida acuática de lo que la mayoría de nosotros nos damos cuenta, y cuando su hábitat y fuentes de alimento se arruinan debido al petróleo, van a morir. Esto a su vez tiene un efecto dominó en la cadena alimenticia global en el círculo de la vida.

La demanda de petróleo ha aumentado también las posibilidades de que ocurran los derrames de petróleo. Como sociedad, somos más dependientes de los hidrocarburos de lo que hemos sido nunca antes. Esto significa que más, que nunca antes, barriles de petróleo se transportan a través del agua. Estadísticamente naturalmente se aumentan las posibilidades de que ocurran los derramamientos.

Un solo galón de petróleo en el agua puede crear una mancha que se extiende por varias hectáreas, en los primeros tres días un derrame de petróleo puede cubrir 580 millas cuadradas.

La consistencia y la composición de los aceites al mezclarse con agua es uno de los efectos que pueden ser difíciles de comprender. Se vuelve pegajoso y se aferra a lo que entra en contacto, puede convertirse en un gel espeso, y esto significa que las formas vivas de la vida marina no pueden moverse como debieran cuando este recubre sus cuerpos.

Algunos expertos creen que determinados peces y otras formas de vida acuática son atraídos por el olor del petróleo cuando está en el agua. Eso además puede crear grandes problemas debido a que se vuelve difícil mantenerlos alejados de las regiones en las que existen derrames de esta sustancia. Muchos animales se ahogan al introducirse petróleo en sus cuerpos y pulmones.

Las aves que se posan en el agua pueden llegar ensuciarse de petróleo, lo que hará que sea imposible para ellas volar. Las criaturas contaminadas con petróleo pueden llegar a ser tóxicos para otras formas de vida más grandes y que las consumen, así hay una reacción en cadena, muy brutal y muy difícil de parar.

Las algas en el agua tienden a ser fuente de alimento para muchos seres vivos. También evitan que otras formas de las bacterias dañinas sean capaces de crecer. Cuando se produce un derrame de petróleo, las algas pueden ser destruidas, lo que se traduce en falta de alimento para algunos seres vivos, y al mismo tiempo, riesgo de muerte debido a las bacterias y los aumentos de parásitos para otras formas de vida acuática.

Fuente: 
Contaminacionpedia