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domingo, 16 de octubre de 2016

Dentro de un siglo podríamos quedarnos sin naturaleza virgen


En el mundo quedan pocas áreas vírgenes. La naturaleza que no sufre la presencia del ser humano, es decir, aquella que realmente hace honor a su nombre, resulta cada vez más difícil de encontrar. Un drama ambiental silencioso, que va mermando estos paraísos de biodiversidad, refugio de las especies clave para los ecosistemas.

De acuerdo con un reciente estudio australiano publicado en la revista Current Biology solo en los últimos 25 años se ha perdido buena parte de las áreas silvestres del planeta. O, lo que es lo mismo, nos las hemos cargado. Y seguimos haciéndolo…

Una destrucción que, según advierten los expertos, dentro de un siglo podría acabar definitivamente con ellas. Echando la vista atrás, desde 1993 se ha perdido un área equivalente a dos veces el tamaño de Alaska o a casi la mitad de todo el Amazonas.

Un 10 por ciento menos en 25 años

El estudio, por un lado, concluye que las áreas inalteradas por el hombre están desapareciendo a una velocidad que espanta. En concreto, casi un 10 por ciento de las zonas silvestres han desaparecido desde los noventa, y por otro el presente sigue la misma tónica. Por descontado, el futuro no es nada halagüeño.

Muy al contrario, los espacios vírgenes siguen desapareciendo a un ritmo acelerado. De seguir así en un abrir y cerrar de ojos tendremos que asumir una cuenta atrás que en tiempos geológicos será tan solo un suspiro.

Áreas vitales para los ecosistemas

Si bien los seres humanos han alterado los ecosistemas terrestres durante miles de años, -explican los autores en su artículo-, “las áreas silvestres siguen siendo refugios vitales para que se lleven a cabo los procesos ecológicos y evolutivos”.



Las regiones del Amazonas y el África Central son las más castigadas, apunta el estudio, al tiempo que valora las acciones protectoras. Sin embargo, la tasa de destrucción dobla a aquellas. Por lo tanto, sin dejar de resultar muy útiles, puesto que de otro modo la pérdida aún sería mayor, en modo alguno lograr frenarla.

Sin vuelta atrás

“No podemos restaurar o compensar nuestra naturaleza. Una vez que se ha ido, se ha ido, es exactamente igual que en las especies en extinción”, advierte James Watson, líder de la investigación.


Cuando esas áreas naturales se contaminan, es decir, cuando la “naturaleza” deja de ser “un lugar biológica y ecológicamente intacto, libre de cualquier perturbación humana significativa”, ya nada es lo mismo.

Amazonia y África, las zonas más castigadas

Los investigadores compararon un mapa actual de las áreas naturales con otro similar de comienzos de la década de 1990. El resultado fue dramático o, si se quiere, cuanto menos preocupante. Partimos de una cifra muy concreta: actualmente casi el 20 por ciento del área terrestre del planeta es natural, más de 30 millones de kilómetros cuadrados.

Por regiones, los sitios naturales se concentran en Australia, el Norte de Asia y de África, así como en América del Norte, especifican. Pero más allá de este recuento, el drama viene con las comparaciones.

Al comparar el viejo mapa con el nuevo, alrededor de 3,6 millones de kilómetros cuadrados de zonas naturales -el mencionado 10 por ciento- habían desaparecido en las últimas dos décadas.



La cantidad perdida, en porcentajes, la sufren sobre todo en América del sur, con una merma cercana a un tercio de las áreas naturales, así como África, que cuenta con un 14 por ciento menos.

Una pérdida alarmante

En el resumen del artículo publicado en la citada revista científica se adjetiva la situación como “alarmante”, si bien los números cantan, y lo cierto es que no hay que ser científico para entender que la situación es dramática:

Demostramos pérdidas alarmantes que comprende una décima parte (3,3 millones de km 2 ) de las áreas silvestres a nivel mundial en las últimas dos décadas, especialmente en la Amazonia (30%) y África central (14%).

Esfuerzos insuficientes

El hecho de que se valoren los esfuerzos conservacionistas no significa que resulten suficientes. No, al menos, si hablamos de cifras generales. Como se explica en el artículo, se han producido “aumentos en la protección de la vida silvestre en el mismo marco de tiempo”, pero de igual manera se ha demostrado que “no pueden seguir el ritmo de la tasa de pérdida”.

Puesto que se destruye el doble de territorio virgen del que se logra preservar, a la luz de los resultados del estudio los autores reclaman más voluntad política:

Nuestros resultados ponen de relieve la necesidad inmediata de políticas internacionales que reconozcan los valores vitales de la vida silvestre y las amenazas sin precedentes a los que se enfrentan, poniendo de relieve la necesidad de acciones polifacéticas necesarias para su mantenimiento.

Las razones que deben impulsar una respuesta más decidida, así como una concienciación infinitamente mayor son numerosas. No solo se trata de respetar el entorno por sí mismo, sino también desde un punto de vista utilitario.



No en vano, son enclaves críticos para la biodiversidad, sobre todo la que se encuentra amenazada. Además, las áreas naturales son claves para el almacenamiento y secuestrod e carbono, así como apra regular el clima local y apoyar economías locales.

De acuerdo con el artículo, en este último aspecto las áreas vírgenes son un vital “apoyo para muchas de las comunidades más marginadas a nivel político y económico del mundo”, grupos poblacionales que “ignoran casi por completo los acuerdos ambientales multilaterales”, explican.

Por lo tanto, también ellos deben ser concienciados. Además de respetar su entorno natural de cara a potenciar economías locales sostenibles, sensibilizarlos al respecto deber ser “prioridad para los esfuerzos de conservacióm”, apuntan.

Una destrucción sin precedentes

En definitiva, se pide detener este desastre ambiental generalizado que está dejándonos sin naturaleza con mayúsculas. No en vano, desde principios de la década de los noventa estamos creando una situación destructiva sin precedentes, cuyo ritmo destructivo no se ha reducido.


Un panorama nada prometedor, sin precedentes en la historia de la humanidad ni del planeta, que nos pone contra las cuerdas. Hasta, finalmente, enfrentarnos a nosotros mismos, llevándonos directos a la extinción. O, si se prefiere, a explorar el universo en busca de un nuevo planeta.

Ana Isan

sábado, 22 de noviembre de 2014

Vídeo sobre los efectos del cambio climático en 2050


El cambio climático avanza imparable, y la previsión del tiempo dentro de 35 años, en el 2050, podría equipararse a una película de miedo, pues terroríficos serán los partes meteorológicos si no actuamos a tiempo, advierte la ONU. Serán habituales los eventos extremos, en forma de sequías severas e interminables, olas de frío a destiempo y también olas de calor constantes y más intensas, huracanes, tormentas, inundaciones… que además se sufrirán en escenarios muy cambiados.

Por ejemplo, el Mediterráneo dejará de ser un paraíso turístico, convirtiéndose poco menos que en un erial. Por contra, las zonas ahora más frías, se tornarán cálidas, y serán polo de atracción para el turismo zonas que antaño eran las emisoras de turistas, como el norte de Europa.

Islandia tendrá una vegetación similar a la de Toscana y, como anécdota, los vinos españoles o franceses, es decir, los mejores vinos del mundo se producirán también en zonas que ahora se consideran demasiado frías para su producción. O, sorpresa, sorpresa… la variación térmica haría de Alaska un lugar perfecto para celebrar unos Juegos Olímpicos… de verano. Y la pregunta del millón: ¿entonces, dónde celebrar los de invierno?




Cambios, cambios y más cambios, y un clima más cálido, y variaciones que son imprevisibles, si bien a grandes rasgos podemos saber que, en general, el futuro que nos espera dentro de cuatro décadas es un infierno climático. Así lo afirman las Naciones Unidas y la Organización Meteorológica Mundial (OMM), unidas en la creación y difusión de una campaña que busca concienciar sobre la necesidad de actuar para combatir el cambio climático.

En un vídeo elaborado por la OMM (puedes verlo al final del post) se simula una situación que podría convertirse en realidad dentro de cuatro décadas. Un día como hoy, 23 de septiembre del año 2050, que marca el comienzo del otoño, las temperaturas perfectamente podrían rondar los 40 grados: En un Japón futurible se superan los 35 grados por una ola de calor que estaría siendo habitual en los últimos años al comienzo del otoño. Y lo mismo podría decirse de otras latitudes, que sufrirían un sol abrasador, como por ejemplo en Chicago, y en Miami sufrirían inundaciones…



Estas y otras consecuencias no menos catastróficas que el vídeo recrea virtualmente, serán las consecuencias irreversibles que tendría el aumento de temperatura de más de dos grados si antes de mediados de siglo no reducimos entre un 40 ó 70 por ciento las emisiones de gases invernadero. De no actuar a tiempo, el avance traerá dramáticas consecuencias. No en vano, desde 1880, la temperatura ha aumentado 1,4 grados de media.

Una Cumbre del clima sin expectativas

Las desalentadoras expectativas de la última Cumbre del Clima ya se percibían en las multitudinarias manifestaciones ciudadanas celebradas este domingo, la víspera del inicio de esta reunión, que se celebra esta semana en Nueva York y en la que más de 120 líderes de todo el mundo han de afrontar el difícil reto de lograr un acuerdo climático vinculante antes de finales de 2015. En todo caso, se espera mejorar aunque sólo sea de forma mínima los decepcionantes resultados de las cumbres anteriores, si bien la voluntad política no da para mucho más.


Sin embargo, suceda lo que suceda, al menos se cree que el evento podría servir para avanzar con respecto a alianzas que pueden resultar beneficiosas. En especial, se espera que seis petrolera se unan a gobiernos y organizaciones ambientales para reducir las fugas de metano en la producción de gas natural, y también se espera que haya compromisos para combatir la deforestación. Con suerte, la Cumbre también podría servirnos para impulsar iniciativas que signifiquen un avance en una menor polución agrícola.

Fuente: Ecología Verde


viernes, 19 de septiembre de 2014

El desarrollo sostenible - 1ª parte

El concepto "desarrollo sostenible" empezó a cobrar fuerza en las últimas décadas del siglo XX, al reconocerse desde la propia Organización de Naciones Unidas que los recursos naturales del planeta estaban siendo esquilmados a consecuencia de un desarrollo económico y tecnológico mal planteado, que sólo tenía en cuenta las necesidades humanas actuales sin preservar las de generaciones futuras. Precisamente, desarrollo sostenible significa usar y gestionar racionalmente los recursos naturales en el presente sin ponerlos en peligro para el futuro.

Los cambios medioambientales que fuerzan a un desarrollo sostenible

Ya no podemos ignorar los visibles cambios en el medio ambiente a consecuencia de las actividades humanas, los efectos ya se sienten a nivel global y amenazan con saturar las capacidades científicas y de los gobiernos del mundo para hacerles frente. Biodiversidad, aguas, suelos, atmósfera y la interrelación entre todos ellos están sufriendo los efectos, y no es previsible que pueda producirse una inversión rápida incluso aunque se comience ahora mismo a trabajar en el problema, sencillamente porque arrastramos las consecuencias de hechos ya pasados y a los cuales no se planteó solución en su momento, sea porque no se estimó su gravedad, o porque se han tenido en cuenta otras prioridades.

Uno de los problemas más acuciantes es el calentamiento global de la atmósfera por el llamado efecto invernadero. La tierra recibe radiación solar y los gases invernadero de la atmósfera mantienen la temperatura del planeta, sin embargo, una concentración excesiva de estos gases a causa de las emisiones producidas por la industria y agricultura (dióxido de carbono, metano, clorofluorocarbonos, etc.), colaboran en el aumento de la temperatura global, al exceder el nivel de gases necesarios para mantener la temperatura reflejada por la superficie terrestre.

No menos importante que el calentamiento global es la pérdida paulatina de los gases de ozono de la estratosfera. La capa atmosférica que contiene este gas forma un escudo protector de todo el planeta, al reducir la penetración de los rayos solares de onda corta o ultravioleta. Sin esta capa protectora la vida sobre la tierra se hace imposible, pero está siendo reducida a causa de las actividades humanas, especialmente las emisiones de los llamados CFC's que reaccionan con el ozono y convierten a éste en otro estado diferente incapaz de retener las emisiones ultravioleta.

Los problemas medioambientales no se limitan a las capas más altas de la atmósfera, en la propia biosfera se producen continuamente daños irreparables a la biodiversidad, suelos y medio acuático. La contaminación de las aguas y suelos tienen su origen en la industria, agricultura y ganadería en mayor medida, pero también en los núcleos urbanos. Los vertidos y residuos agrícolas e industriales que son descargados a los ríos y lagos, en muchos casos sin depurar, invaden los hábitats lacustres y terrestres, penetrando en las redes tróficas con efectos imprevisibles.

El estado de los suelos también origina preocupación en lo que respecta a la erosión y salinización, que con el tiempo aboca a una pérdida de fertilidad y capacidad productiva.

Por su parte, la biodiversidad se encuentra seriamente amenazada. La cubierta forestal se agota a pasos agigantados a causa de la deforestación traumática por acción de la mano del hombre. La eliminación de grandes superficies arbóreas, sobre todo en los trópicos, está dejando un panorama desolador. Las selvas son invadidas para explotar la leña y madera y crear nuevas tierras de cultivo.

A su vez, los hábitats naturales de estas regiones desaparecen bajo las máquinas, o en todo caso pierden sus características salvajes impidiendo albergar las especies típicas de los bosques, obligando a una emigración forzada a las poblaciones de animales susceptibles de movilidad, pero llevando a las demás a perecer irremediablemente en un nuevo ambiente que le es hostil.

En definitiva, la pérdida de diversidad biológica y la presión a que se ven sometidos muchos habitáts y sectores, incluido las pesquerías, es objeto de una preocupación creciente.

Continuará...

Fuente: Natureduca

domingo, 31 de agosto de 2014

Ecosistemas - 1ª parte

El termino ecosistema fue introducido por el ecólogo inglés Arthur George Tansley en 1935, quien lo define como la unidad fundamental ecológica, constituida por la interrelación de una biocenosis y un biotopo. Es decir, un ecosistema está constituido por un medio físico (el biotopo, hábitat o ambiente), sus pobladores (la biocenosis o conjunto de seres vivos de distintas especies o población) y las interrelaciones entre ambos, todos ellos formando una unidad en equilibrio dinámico.

Comunidad y biocenosis

Las poblaciones no se presentan aisladas en un ambiente, sino que muchas de ellas interactúan entre sí en ese ambiente compartido constituyendo lo que se denomina comunidades.

Al conjunto o comunidades de organismos de distintas especies o población, que se constituye en unas condiciones ecológicas dadas y que se mantiene en un estado de equilibrio dinámico, se le denomina biocenosis.

El hábitat

En un sentido amplio, se denomina hábitat al medio físico o geográfico en que vive naturalmente un ser. Este término, muy utilizado en ecología, fue adoptado en geografía durante el Congreso de el Cairo de 1928. Pero al referirnos al medio vital y limitado en el que se desarrollan estos seres vivos, observando todas las condiciones fisicoquímicas del suelo, agua y atmósfera, necesarias para la vida de una biocenosis, es más adecuado denominarlo biotopo.

El biotopo

El biotopo puede ser considerado según su naturaleza en superficie o en volumen; así, se reconoce un edafotopo como referido al sustrato, un climátopo en cuanto a las características climáticas, y un hidrótopo considerando los factores hidrográficos.

En cuanto a su extensión, puede ser tan amplio como el mar, en el que viven comunidades animales, vegetales y microorganismos; o tan reducido como un pequeño lago, un arrecife de coral, o los diferentes desniveles de un río, en los cuales existen residencias ecológicas con distintas comunidades animales y vegetales.

El nicho

El nicho es el papel funcional que desempeña una especie dentro de una comunidad, es decir, cada uno de los lugares que pueden ser ocupados por individuos de especies equivalentes en la estructura de una biocenosis; técnicamente se puede decir que el nicho es la forma en que una especie busca o se ocupa de su subsistencia. Por ejemplo, determinadas especies de aves tangarás viven en bosques caducifolios; su nicho es, en gran parte, alimentarse de los insectos que puede encontrar bajo el follaje. Los organismos ocupan nichos distintos dentro de cada hábitat, los cuales dependen del nivel de estratificación de la comunidad; cuanto más estratificada sea ésta, en más nichos adicionales se subdividirá el hábitat.

Constituyentes fundamentales de un ecosistema

Son constituyentes fundamentales de un ecosistema las sustancias inorgánicas (agua, carbono, dióxido de carbono, etc.); las sustancias orgánicas (lípidos, proteínas, carbohidratos, etc.), que son producidos por los organismos vivientes; los factores ambientales abióticos (humedad, temperatura, etc.); y tres componentes también fundamentales: los autótrofos, heterótrofos y descomponedores.

Los autótrofos

Los autótrofos son los organismos productores, que realizan su función mediante la fijación de la energía luminosa, consumo de sustancias inorgánicas de estructura simple y la constitución de moléculas de estructura cada vez más complejas. Es decir, se trata de plantas verdes capaces de ejercer la fotosíntesis (transformación de sustancias inorgánicas en compuestos orgánicos por medio de la luz).

Los heterótrofos

Los heterótrofos son los consumidores; utilizan, reestructuran y consumen materiales complejos. Se trata de animales que se nutren de materiales previamente transformados, o de otros organismos animales.

Los descomponedores

Los descomponedores (hongos y bacterias) son los encargados de descomponer en sustancias más simples, la materia protoplasmática de los productores y consumidores muertos.

Fuente: Natureduca

sábado, 2 de agosto de 2014

Erosión biológica

También los seres vivos modifican el paisaje, a veces, de forma lenta y casi imperceptible y, otras, de forma rápida y violenta. Las plantas superiores, que tienen raíces, ejercen una labor intensa se excavación mecánica del sustrato, en busca de agua. Pero, aunque menos visible, también es importante la erosión provocada por pequeños vegetales y organismos, como los líquenes.

También erosionan los animales. Pequeños invertebrados, como los gusanos, airean el terreno y permiten la entrada de agua en la roca madre. Existen microorganismos cuyas secreciones atacan químicamente las piedras. Por último, los animales superiores pueden excavar y erosionar de muy distintas maneras.


La acción de los vegetales
Las plantas superiores, que tienen raíces, ejercen una labor intensa de excavación mecánica del suelo, en busca del agua que necesitan para su subsistencia. Algunas de estas raíces son capaces de atravesar sustratos de rocas blandas o, incluso, romper otras más duras.

Pero, aunque menos visible, el trabajo de otros vegetales y organismos, como los líquenes, es quizás todavía más importante, hasta el punto que se les considera los verdaderos indicadores o pioneros de la formación de los suelos. En efecto, los líquenes actúan sobre las rocas desnudas, empiezan su descomposición y permiten que otros organismos mayores continúen la tarea.


La acción de los animales
Pequeños invertebrados como los gusanos y algunos insectos airean el suelo, pero también contribuyen al proceso de meteorización de la roca madre al permitir la entrada de aire y agua, así como de microorganismos productores de secreciones que reaccionan químicamente con la roca, transformándola y erosionándola.

La labor que llevan a cabo los animales es, en general, complementaria de la que realizan otros agentes erosivos en las etapas primarias del proceso de meteorización. Sin embargo, tiene una especialísima importancia en la formación de los suelos.

Los animales ejercen una erosión mecánica con la escavación o construcción de nidos y madrigueras, así como por el paso de grandes manadas por las mismas sendas. También ejercen un control sobre la población vegetal de la que se alimentan. Finalmente, producen secreciones y excreciones de materiales que tienen un alto poder corrosivo y pueden descomponer las rocas, facilitando la acción de otros agentes.

Fuente: Astronomía

jueves, 31 de julio de 2014

La erosión glacial

Los glaciares son agentes erosivos de gran importancia que, en el pasado, modelaron una buena parte de los paisajes que ahora conocemos en latitudes medias y altas de todo el planeta.

Las enormes masas de hielo desplazándose lentamente por efecto de la gravedad llevan a término una tarea de desgaste implacable sobre los terrenos en que se deslizan, que se puede observar fácilmente en aquellas regiones donde los glaciares han desaparecido. El hielo es capaz de cortar o arrancar enormes rocas que otros agentes erosivos no podrían.

Partes de un glaciar

A medida que un glaciar desciende por un valle o avanza a través de una amplia zona, en el caso de las grandes extensiones de hielo, va modelando el terreno. Desplaza las rocas que encuentra a su paso y el hielo rompe y arrastra las subyacentes. Las rocas inmersas en el fondo del glaciar actúan como partículas abrasivas, al lijar y pulir la piedra del lecho sobre el que se desplaza.

En la cabecera del valle de un glaciar, las paredes quedan erosionadas con una forma semicircular denominada circo glaciar. La erosión progresiva y simultánea de estas paredes en distintos lados de una montaña puede dar lugar a lo que se conoce como un cuerno (horn) o pico piramidal. Los valles por los que ha pasado un glaciar tienen forma de U en vez de la forma de V, típica de la erosión de los valles fluviales.

Con frecuencia, el valle glaciar está excavado tan profundamente que las bocas o desembocaduras de los valles tributarios quedan a un nivel superior con respecto al fondo del canal glaciar, originando los llamados valles colgados. Los fiordos son valles glaciares parcialmente inundados por el mar.

Aludes

Una forma de erosión distinta de los glaciares, pero también provocada por la acumulación de agua en estado sólido, son los aludes. Un alud es el desprendimiento de grandes masas de hielo y nieve que desciende desde las cumbres hacia los valles. A su paso, un alud arrastra la vegetación, dejando una estela de terreno desnudo donde puede actuar más fácilmente la erosión.

Los aludes se producen cuando se acumula mucha nieve en una zona de pendiente elevada, especialmente cuando se deposita sobre otra capa de consistencia distinta que le pueda servir como superficie de deslizamiento, quedando en un equilibrio inestable.

El desencadenante del alud puede tener origen diverso. Se puede producir de forma espontánea cuando el propio peso de una capa supera la fuerza de rozamiento que la mantenía en reposo. También se producen aludes en la época del deshielo, al disminuir la fuerza de fijación. Incluso por el paso de esquiadores o por vibraciones de cualquier tipo.

Una pequeña masa de nieve inicia el descenso. Al apoyar su peso sobre otra hace que también se desprenda. Así, a medida que desciende se van incorporando nuevas masas hasta que puede llegar a adquirir un gran volumen. Es, por tanto una de las pocas formas de erosión que actúan de forma violenta, en poco tiempo.

Fuente: Astronomía

miércoles, 30 de julio de 2014

La erosión eólica

Comparado con el agua, el viento resulta un agente erosivo menos intenso, pero en las regiones secas adquiere una importancia muy especial. En estas zonas áridas el viento ha formado los desiertos, que constituyen una superficie muy extensa a lo largo y ancho de la Tierra.

El viento constante forma estructuras tan conocidas como las dunas, pero también produce otras formas muy particulares y, a veces, espectaculares, en las rocas de las regiones donde actúa con mayor intensidad.

La acción erosiva del viento

El viento, por sí mismo, no tiene suficiente fuerza para producir efectos de meteorización. Lo que sí puede hacer es transportar partículas que, cuando chocan con el terreno, lo van desgastando. Este tipo de erosión suele ser lento y, para que se produzca, el territorio debe estar desnudo, ya que la vegetación disminuye o anula el efecto.

La erosión eólica se produce, pues, en zonas áridas, como los desiertos y la alta montaña. Estos tienen además otra característica imprescindible: las grandes diferencias de temperaturas. Esto hace que la roca se rompa y la erosión eólica pueda actuar con mayor eficacia.

La corrosión es la abrasión sufrida por las rocas al ser friccionadas por los impactos de las partículas arenosas que son transportadas por el viento. Cuando estas partículas golpean las rocas sufren a su vez una transformación, tomando un aspecto redondeado. Cuando el viento pierde fuerza va depositando los materiales transportados de forma gradual, lo que habitualmente da lugar a la acumulación de partículas de similar tamaño y peso.

Desiertos y dunas

Generalmente se llama desierto a un área cuya precipitación media anual es inferior a 250 mm y donde, en la mayoría de los casos, la evaporación excede a la precipitación como resultado de una temperatura media alta. Debido a la falta de humedad en el suelo y en la atmósfera, los rayos del Sol inciden con fuerza. Las temperaturas durante el día pueden alcanzar los 55 °C a la sombra; durante la noche, el suelo del desierto irradia el calor a la atmósfera y las temperaturas pueden descender hasta el punto de congelación.

Las dunan son como montaña de arena que se forman en los desiertos, aunque también lo hacen en el borde de los lagos y del mar, donde los vientos son fuertes y tienden a soplar en una sola dirección. Los campos de dunas se extienden a lo largo de miles de kilómetros cuadrados en los desiertos del norte de África, en la península Arábiga y en Asia central.

El viento, al mover los granos de arena, causa el crecimiento en altura de las dunas, así como su traslado. Una duna en crecimiento puede desplazarse hasta 30 m por año. La cara que opone al viento es siempre más larga y menos empinada que la cara contraria.

Los depósitos de dunas antiguas que quedan enterrados se transforman en arenisca, la cual presenta una estratificación asimétrica, llamada estratificación cruzada, que revela la dirección del viento que la originó.

Fuente: Astronomía

martes, 29 de julio de 2014

La erosión fluvial

Las aguas continentales son un agente erosivo de primera magnitud. En forma de ríos que discurren sobre la superficie, o de corrientes subterráneas, el agua desgasta los materiales que hay por donde pasa y arrastra los restos en dirección al mar, dejándolos depositados en diversos lugares, formando nuevos suelos y, en definitiva, modelando el paisaje.

El agua crea cascadas, gruras, desfiladeros, meandros y deltas. En ocasiones inunda determinadas regiones, más o menos amplias, del territorio. La vida se ha desarrollado de forma más prolífera, desde siempre, en los márgenes de los ríos.


La acción erosiva de los ríos

La erosión debida a las aguas corrientes sigue las mismas etapas en que se divide de forma natural el curso de un río. Hay una primera etapa en que la erosión mecánica provocada por el agua y los materiales que arrastra es muy intensa en el curso alto del río. En la segunda etapa, de transporte, la erosión mecánica sigue activa pero empieza a actuar la erosión química. Esta tiene lugar en el curso medio. Finalmente, en el curso bajo predomina la sedimentación de los materiales transportados, la acción mecánica se reduce muchísimo y prácticamente sólo actúa la erosión química.

La acción erosiva de un río se debe a la energía del agua. Es capaz de arrancar trozos de roca que, al ser arrastrados por la corriente, actúan como un martillo sobre el cauce del río, desprendiendo nuevos fragmentos. Como el cauce no es regular, se suelen producir remolinos que arrastran arenas y gravas, puliendo el fondo del río y creando cavidades.

Otras veces, la pendiente elevada hace el agua forme saltos, cascadas o cataratas, algunas de las cuales llegan hasta los 1000 metros de altura. La zona de salto retrocede gradualmente aguas arriba a medida que se desgasta. En otros casos, cuando el curso se encuentra con grandes obstáculos, el agua "busca" las zonas más frágines, las desgasta y forma desfiladeros o cañones.

En terrenos calcáreos es frecuente la aparición de cuevas subterráneas causadas por la erosión química del agua, que transforma el carbonato insoluble en bicarbonato soluble y, después, lo disuelve.

Inundaciones

Durante las temporadas de lluvias intensas o cuando se produce el deshielo, el caudal de un río puede aumentar tanto que no quepa dentro de su cauce. Entonces el agua se desborda por las riberas. Este fenómeno se produce a veces de forma gradual, pero otras lo hace de forma violenta, provocando una gran erosión en todo el territorio.

Meandros

El resultado de la erosión consiste en materiales más o menos finos que el agua arrastra a lo largo del curso del río. En el curso medio empiezan a depositarse cuando la fuerza de la corriente no es capaz de mantener estas partículas en suspensión.

Pero la fuerza erosiva actúa después sobre estos depósitos y los desgasta más por la zona en que la velocidad del agua es mayor, mientras deposita nuevos materiales donde es más débil. El resultado final son unos depósitos de forma sinuosa que llamamos meandros. Con el tiempo y las crecidas, el río puede volver a abrirse paso en línea recta, dejando en sus márgenes lagunas en forma de media luna que, con el tiempo, suelen secarse.

Los Deltas

El final del proceso erosivo fluvial tiene lugar en la desembocadura del río, aunque en algunos casos la fuerza de la corriente es capaz de seguir erosionando el fondo de la plataforma continental y formar un valle submarino.

En muchos casos, sobre todo en grandes ríos con mucha erosión, los materiales más finos se depositan en la desembocadura formando un delta. Los deltas son, pues, terrenos sedimentarios extensos en los cuales hay un equilibrio constante entre la fuerza destructiva de la corriente y el depósito de nuevos materiales.

Fuente: Astronomía

lunes, 28 de julio de 2014

Tipos de suelos

Gracias a la erosión y a la actividad de los seres vivos, la porción externa de la corteza rocosa terrestre, su superficie, se convierte en aquello que conocemos como "suelos".

Sin el suelo sería imposible la existencia de plantas superiores y, sin ellas, ni nosotros ni el resto de los animales podríamos vivir. A pesar de que forma una capa muy delgada, es esencial para la vida en tierra firme. Cada región del planeta tiene unos suelos que la caracterizan, según el tipo de roca de la que se ha formado y los agentes que lo han modificado.

Formación del suelo

El suelo procede de la interacción entre la atmósfera, y biosfera. El suelo se forma a parir de la descomposición de la roca madre, por factores climáticos y la acción de los seres vivos. Esto implica que el suelo tiene una parte mineral y otra biológica, lo que le permite ser el sustento de multitud de especies vegetales y animales.

La descomposición de la roca madre puede deberse a factores físicos y mecánicos, o por alteración, o descomposición química. En este proceso se forman unos elementos muy pequeños que conforman el suelo, los coloides y los iones. Dependiendo del porcentaje de coloides e iones, y de su origen, el suelo tendrá unas determinadas características.

La materia orgánica procede, fundamentalmente, de la vegetación que coloniza la roca madre. La descomposición de estos aportes forma el humus bruto. A estos restos orgánicos vegetales se añaden los procedentes de la descomposición de los aportes de la fauna, aunque en el porcentaje total de estos son de menor importancia.

La descomposición de la materia orgánica aporta al suelo diferentes minerales y gases: amoniaco, nitratos, fosfatos, ... Estos son elementos esenciales para el metabolismo de los seres vivos y conforman la reserva trófica del suelo para las plantas, además de garantizar su estabilidad.

Clasificación de los suelos

El suelo se clasificar según su textura: fina o gruesa, y por su estructura: floculada, agregada o dispersa, lo que define su porosidad que permite una mayor o menor circulación del agua, y por lo tanto la existencia de especies vegetales que necesitan concentraciones más o menos elevadas de agua o de gases.

El suelo también se puede clasificar por sus características químicas, por su poder de absorción de coloides y por su grado de acidez (pH), que permite la existencia de una vegetación más o menos necesitada de ciertos compuestos.

Los suelos no evolucionados son suelos brutos, muy próximos a la roca madre y apenas tienen aporte de materia orgánica. Son resultado de fenómenos erosivos o de la acumulación reciente de aportes aluviales. De este tipo son los suelos polares y los desiertos, tanto de roca como de arena, así como las playas.

Los suelos poco evolucionados dependen en gran medida de la naturaleza de la roca madre. Existen tres tipos básicos: ránker, rendzina y los suelos de estepa. Los suelos ránker son más o menos ácidos, como los suelos de tundra y los alpinos. Los suelos rendzina se forman sobre una roca madre carbonatada, como la caliza, suelen ser fruto de la erosión y son suelos básicos. Los suelos de estepa se desarrollan en climas continentales y mediterráneo subárido. El aporte de materia orgánica es muy alto. Según sea la aridez del clima pueden ser desde castaños hasta rojos.

En los suelos evolucionados encontramos todo tipo de humus, y cierta independencia de la roca madre. Hay una gran variedad y entre ellos se incluyen los suelos de bosques templados, los de regiones con gran abundancia de precipitaciones, los de climas templados y el suelo rojo mediterráneo. En general, si el clima es propicio y el lugar accesible, la mayoría de estos suelos están hoy ocupados por explotaciones agrícolas.

Fuente: Astronomía

domingo, 27 de julio de 2014

La meteorización química

La meteorización química es el conjunto de los procesos llevados a cabo por medio del agua o por los agentes gaseosos de la atmósfera como el oxígeno y el dióxido de carbono.

Las rocas se disgregan más fácilmente gracias a este tipo de meteorización, ya que los granos de minerales pierden adherencia y se disuelven o desprenden mejor ante la acción de los agentes físicos.

Disolución: Consiste en la incorporación de las moléculas de un cuerpo sólido a un disolvente como es el agua. Mediante este sistema se disuelven muchas rocas sedimentarias compuestas por las sales que quedaron al evaporarse el agua que las contenía en solución.

Hidratación: Es el proceso por el cual el agua se combina químicamente con un compuesto. Cuando las moléculas de agua se introducen a través de las redes cristalinas de las rocas se produce una presión que causa un aumento de volumen, que en algunos casos puede llegar al 50%. Cuando estos materiales transformados se secan se produce el efecto contrario, se genera una contracción y se resquebrajan.

Oxidación: La oxidación se produce por la acción del oxígeno, generalmente cuando es liberado en el agua. En la oxidación existe una reducción simultánea, ya que la sustancia oxidante se reduce al adueñarse de los electrones que pierde la que se oxida. Los sustratos rocosos de tonalidades rojizas, ocres o parduzcas, tan abundantes, se producen por la oxidación del hierro contenido en las rocas.

Hidrólisis: Es la descomposición química de una sustancia por el agua, que a su vez también se descompone. En este proceso el agua se transforma en iones que pueden reaccionar con determinados minerales, a los cuales rompen sus redes cristalinas. Este es el proceso que ha originado la mayoria de materiales arcillosos que conocemos.

Carbonatación: Consiste en la capacidad del dióxido de carbono para actuar por si mismo, o para disolverse en el agua y formar ácido carbónico en pequeñas cantidades. El agua carbonatada reacciona con rocas cuyos minerales predominantes sean calcio, magnesio, sodio o potasio, dando lugar a los carbonatos y bicarbonatos.

Acción biológica: Los componentes minerales de las rocas pueden ser descompuestos por la acción de sustancias liberadas por organismos vivos, tales como ácidos nítricos, amoniacos y dióxido de carbono, que potencian la acción erosionadora del agua.

Fuente: Astronomía

sábado, 26 de julio de 2014

La meteorización

La corteza terrestre sufrió numerosas alteraciones causadas por las fuerzas internas del planeta, por lo que se rompió y se formó de nuevo. Una gran parte de estos procesos continua actuando.

Pero desde que existe la atmósfera hay otros agentes que han contribuido a transformarla lentamente hasta tener el aspecto que ahora nos presenta. Todos estos procesos se denominan "meteorización" o, genéricamente, "erosión" y los agentes causantes (agentes geológicos externos) pueden ser de tipo físico (mecánico), químico y biológico.

La meteorización produce fragmentos de rocas y minerales, así como otros productos residuales y solubles, que pueden ser transportados y depositados a otros niveles, lo que deja nuevas superficies expuestas a la meteorización.
Erosión mecánica

La meteorización mecánica es la disgregación física de las rocas en fragmentos, a causa de los cambios de temperatura, humedad y actividad biológica.

Temperatura Al calentarse las rocas y minerales se producen diferencias de tensión en su estructura. Los materiales oscuros absorben más calor que los claros y están expuestos. Las altas variaciones de temperatura entre el día y la noche imprimen a las rocas fuertes contracciones y dilataciones, que provocan fisuras y, con el tiempo, su fragmentación.

Agua: El agua líquida influye en la meteorización mecánica de las rocas, y aún más cuando se trata de hielo. En pocas horas el hielo puede abrir fisuras en las rocas y exponerlas a una acción acelerada de otros agentes. Las rocas de las capas más superficiales de la corteza terrestre, presentan grietas o fisuras. Cuando el agua de lluvia o procedente de los deshielos penetra en el interior de estas grietas y la temperatura desciende por debajo de los 0 grados, se expande. Si la roca es muy porosa, su disgregación puede llegar a tener consistencia granular.

Actividad biológica: Cuando las rocas ya presentan fisuras pueden ser colonizadas por las raíces de los árboles, que imprimen presión conforme crecen y aumentan de volumen. La presión ejercida por las raíces no es comparable a la del hielo, pero puede ser suficiente para generar rotura y desprendimiento de rocas, que quedan así expuestas a la acción otros agentes.

Fuente: Astronomía

jueves, 24 de julio de 2014

Climas del mundo: secos y fríos

En algunos lugares de la Tierra el aire contiene poca humedad de forma que las precipitaciones son escasa. En otros, la temperatura es tan baja que pasan buena parte del año helados o cubiertos de nieve. En el caso extremo, en los climas polares, el hielo se mantiene todo el año.

Finalmente, hay un tipo especial de clima que depende en gran medida de la altitud más que de la latitud. Se trata del clima de montaña, donde le contraste entre las temperaturas diurnas y nocturnas suele ser acusado y donde las precipitaciones tienen un régimen especial.

Climas secos

Son climas en los que la evaporación excede a la precipitación, por lo que ésta no es suficiente para alimentar corrientes de agua permanentes. Hay dos subdivisiones principales:

Semiárido: En las estepas cálida o en los límites de los grandes desiertos cálidos. Sus precipitaciones son escasas e irregulares, entre 250 y 500 mm anuales, en forma de chaparrones. Las temperaturas son elevadas durante todo el año. Gran amplitud térmica diaria. Otro tipo de clima semiárido se da en las estepas frías, en latitudes medias del interior de los continentes más grandes. Sus precipitaciones son muy escasas e irregulares, en forma de chaparrones. Las temperaturas similares a las continentales. Inviernos fríos y fuerte amplitud térmica anual.

Árido: Es el clima del desierto, ya sea cálido o frío. La aridez es extrema y las precipitaciones escasas e irregulares, inferiores a los 250 mm anuales, con una sequedad extrema del aire. Humedad relativa muy baja. Excepto en Europa, se presentan en todos los continentes. Los desiertos fríos son degradaciones del clima continental, mediterráneo o de vertientes a sotavento.

Climas fríos

Son los climas subantárticos y subárticos húmedos con inviernos rigurosos, donde la temperatura media del mes más frío es inferior a -3º C y la temperatura media del mes más cálido mayor a 10º C. Estos límites de temperatura coinciden aproximadamente con los de bosques hacia los polos. Los lugares con este clima se caracterizan por estar cubiertos de nieve uno o más meses. Hay dos tipos fundamentales:

Continental húmedo: Ocupa la mayor parte de la zona templada propiamente dicha. Es muy contrastado. A un invierno muy frío y seco se opone un verano cálido y lluvioso. La oscilación térmica anual es muy elevada. En los bordes del clima continental las precipitaciones, aunque no muy abundantes, son regulares.

Continental suave: A diferencia del anterior, tiene una estación seca en invierno.

Climas polares

La temperatura media del mes más cálido es menor que 10º C. Se localizan en las latitudes altas y poseen precipitaciones menores a 300 mm anuales. Hay dos tipos fundamentales de este clima:

Tundra: Zona de altas presiones polares entre el polo y la isoterma de los 10º C estivales. Frío intenso y constante, ningún mes supera los 10º C debido a la oblicuidad de los rayos solares. Precipitaciones escasas y disminuyendo a medida que nos acercamos a los polos, en forma de nieve la mayoría. Hay una breve estación de crecimiento de las plantas, esencialmente helechos, líquenes, musgos y algunas gramíneas.

Clima Polar: Zona de altas presiones polares entre el polo y la isoterma de 0º C. Frío intenso y constante. Precipitaciones escasas y disminuyendo a medida que nos acercamos a los polos, en forma de nieve la mayoría. En este clima ya no es posible que haya vegetación.
Clima de alta montaña

En las altas montañas se dan climas de tipo polar, donde la latitud no influye, solo afecta la altura sobre los 3000 m y la exposición, considerados los factores que determinan un clima de montaña. La vegetación es muy variable, de acuerdo a la latitud en que se encuentren ubicadas las montañas. Este tipo de clima, que normalmente es húmedo, lo podemos encontrar alrededor del mundo en zonas de grandes cordilleras, pudiendo ser frescos a fríos

Fuente: Astronomía

miércoles, 16 de julio de 2014

Meteorología y Climatología

La meteorología es la ciencia que se ocupa de los fenómenos que ocurren a corto plazo en las capas bajas de la atmósfera, o sea, donde se desarrolla la vida de plantas y animales.

La meteorología estudia los cambios atmosféricos que se producen a cada momento, utilizando parámetros como la temperatura del aire, su humedad, la presión atmosférica, el viento o las precipitaciones. El objetivo de la meteorología es predecir el tiempo que va a hacer en 24 o 48 horas y, en menor medida, elaborar un pronóstico del tiempo a medio plazo.

La climatología es la ciencia que estudia el clima y sus variaciones a lo largo del tiempo. Aunque utiliza los mismos parámetros que la meteorología, su objetivo es distinto, ya que no pretende hacer previsiones inmediatas, sino estudiar las características climáticas a largo plazo.

El clima es el conjunto de fenómenos meteorológicos que caracterizan las condiciones habituales o más probables de un punto determinado de la superficie terrestre. Es, por tanto, una serie de valores estadísticos. Por ejemplo, aunque en un desierto se pueda producir, eventualmente, una tormenta con precipitación abundante, su clima sigue siendo desértico, ya que la probabilidad de que esto ocurra es muy baja.

La predicción del tiempo atmosférico

La meteorología y la climatología estudian la atmósfera desde varias perspectivas. Por un lado, describen las condiciones generales del tiempo atmosférico en una zona y época concretas. Por otro, investigan el comportamiento de las grandes masas de aire con el fin de establecer leyes generales respecto a su influencia sobre otros factores. Finalmente, analizan cada uno de estos factores particulares (temperatura, presión, humedad, ... ) con el fin de descubrir las leyes que los gobiernan y poder hacer una previsión del tiempo acertada.

La meteorología tiene diversas aplicaciones prácticas, además de las evidentes. Por ejemplo, la meteorología aeronáutica se especializa en todo lo que afecta al tráfico aéreo; la meteorología agraria pretende predecir las condiciones adecuadas para las distintas labores agrícolas; la meteorología médica estudia la influencia de los factores atmosféricos sobre la salud humana.

Los mapas del tiempo

El mapa del tiempo que podemos ver en el periódico o la televisión es el resultado de siglos de experiencia. Inicialmente se trataba de simples anotaciones sobre fenómenos meteorológicos observados en distintos lugares.

Con el tiempo se fueron perfeccionando. La invención de diversos aparatos de medición (higrómetro, termómetro, barómetro, anemómetro, ... ) hizo proliferar la aparición de estaciones meteorológicas y de organismos, a nivel regional, nacional e internacional, encargados de recopilar los datos y organizarlos.

El verdadero avance llegó, sin embargo, en el siglo XX, con la puesta en órbita de satélites meteorológicos dotados de instrumentos fotográficos y analíticos cada vez más sofisticados. La informática ha contribuido enormemente a este avance, ya que los ordenadores son capaces de procesar muchos datos en poco tiempo y de elaborar modelos climáticos y de previsiones.

Fuente: Astronomía

martes, 15 de julio de 2014

El tiempo y el clima

A diferencia de los procesos geológicos, que ocurren con lentitud, la atmósfera de la Tierra se transforma constantemente, a veces, incluso, en cuestión de minutos. Estos cambios afectan directamente nuestra salud y bienestar. Es muy lógico que hayamos desarrollado la meteorología.

Pero el tiempo atmosférico depende de muchos factores que lo hacen distinto de un lugar a otro. Aunque el tiempo puntual, en un momento dado, pueda ser parecido en dos lugares de la Tierra (por ejemplo, una tormenta), a lo largo del tiempo cada zona tiene su clima, determinado por sus "estadísticas del tiempo". De su estudio se encarga otra ciencia, la climatología.

En próximas notas intentaremos comprender los aspectos fundamentales de estos procesos que, por otra parte, son verdaderamente complejos.


Fuente: Astronomía

sábado, 12 de julio de 2014

Capas de la atmósfera

La atmósfera se divide en diversas capas:

La troposfera llega hasta un límite superior (tropopausa) situado a 9 Km de altura en los polos y los 18 km en el ecuador. En ella se producen importantes movimientos verticales y horizontales de las masas de aire (vientos) y hay relativa abundancia de agua. Es la zona de las nubes y los fenómenos climáticos: lluvias, vientos, cambios de temperatura, ... y la capa de más interés para la ecología. La temperatura va disminuyendo conforme se va subiendo, hasta llegar a -70ºC en su límite superior.

La estratosfera comienza a partir de la tropopausa y llega hasta un límite superior (estratopausa), a 50 km de altitud. La temperatura cambia su tendencia y va aumentando hasta llegar a ser de alrededor de 0ºC en la estratopausa. Casi no hay movimiento en dirección vertical del aire, pero los vientos horizontales llegan a alcanzar frecuentemente los 200 km/h, lo que facilita el que cualquier sustancia que llega a la estratosfera se difunda por todo el globo con rapidez. Por ejemplo, esto es lo que ocurre con los CFC que destruyen el ozono. En esta parte de la atmósfera, entre los 30 y los 50 kilómetros, se encuentra el ozono, importante porque absorbe las dañinas radiaciones de onda corta.

La mesosfera, que se extiende entre los 50 y 80 km de altura, contiene sólo cerca del 0,1% de la masa total de laire. Es importante por la ionización y las reacciones químicas que ocurren en ella. La disminución de la temperatura combinada con la baja densidad del aire en la mesosfera determinan la formación de turbulencias y ondas atmosféricas que actúan a escalas espaciales y temporales muy grandes. La mesosfera es la región donde las naves espaciales que vuelven a la Tierra empiezan a notar la estructura de los vientos de fondo, y no sólo el freno aerodinámico.

La ionosfera se extiende desde una altura de casi 80 km sobre la superficie terrestre hasta 640 km o más. A estas distancias, el aire está enrarecido en extremo. Cuando las partículas de la atmósfera experimentan una ionización por radiación ultravioleta, tienden a permanecer ionizadas debido a las mínimas colisiones que se producen entre los iones.

La ionosfera tiene una gran influencia sobre la propagación de las señales de radio. Una parte de la energía radiada por un transmisor hacia la ionosfera es absorbida por el aire ionizado y otra es refractada, o desviada, de nuevo hacia la superficie de la Tierra. Este último efecto permite la recepción de señales de radio a distancias mucho mayores de lo que sería posible con ondas que viajan por la superficie terrestre.

La región que hay más allá de la ionosfera recibe el nombre de exosfera y se extiende hasta los 9.600 km, lo que constituye el límite exterior de la atmósfera. Más allá se extiende la magnetosfera, espacio situado alrededor de la Tierra en el cual, el campo magnético del planeta domina sobre el campo magnético del medio interplanetario.

Fuente: Astronomía

viernes, 11 de julio de 2014

La atmósfera de la Tierra

La capa exterior de la Tierra es gaseosa, de composición y densidad muy distintas de las capas sólidas y líquidas que tiene debajo. Pero es la zona en la que se desarrolla la vida y, además, tiene una importancia trascendental en los procesos de erosión que son los que han formado el paisaje actual.

Los cambios que se producen el la atmósfera contribuyen decisivamente en los procesos de formación y sustento de los seres vivos y determinan el clima.


Composición del aire

Los gases fundamentales que forman la atmósfera son: Nitrógeno (78.084%), Oxígeno (20.946%), Argón (0.934%) y Dióxido de Carbono (0.033%). Otros gases de interés presentes en la atmósfera son el vapor de agua, el ozono y diferentes óxidos.

También hay partículas de polvo en suspensión como, por ejemplo, partículas inorgánicas, pequeños organismos o restos de ellos y sal marina. Muchas veces estas partículas pueden servir de núcleos de condensación en la formación de nieblas muy contaminantes.

Los volcanes y la actividad humana son responsables de la emisión a la atmósfera de diferentes gases y partículas contaminantes que tienen una gran influencia en los cambios climáticos y en el funcionamiento de los ecosistemas.

El aire se encuentra concentrado cerca de la superficie, comprimido por la atracción de la gravedad y, conforme aumenta la altura, la densidad de la atmósfera disminuye con gran rapidez. En los 5,5 kilómetros más cercanos a la superficie se encuentra la mitad de la masa total y antes de los 15 kilómetros de altura está el 95% de toda la materia atmosférica.

La mezcla de gases que llamamos aire mantiene la proporción de sus distintos componentes casi invariable hasta los 80 km, aunque cada vez más enrarecido (menos denso) conforme vamos ascendiendo. A partir de los 80 km la composición se hace más variable.

Formación de la atmósfera

La mezcla de gases que forma el aire actual se ha desarrollado a lo largo de 4.500 millones de años. La atmósfera primigenia debió estar compuesta únicamente de emanaciones volcánicas, es decir, vapor de agua, dióxido de carbono, dióxido de azufre y nitrógeno, sin rastro apenas de oxígeno.

Para lograr la transformación han tenido que desarrollarse una serie de procesos. Uno de ellos fue la condensación. Al enfriarse, la mayor parte del vapor de agua de origen volcánico se condensó, dando lugar a los antiguos océanos. También se produjeron reacciones químicas. Parte del dióxido de carbono debió reaccionar con las rocas de la corteza terrestre para formar carbonatos, algunos de los cuales se disolverían en los nuevos océanos.

Más tarde, cuando evolucionó la vida primitiva capaz de realizar la fotosíntesis, empezó a producir oxígeno. Hace unos 570 millones de años, el contenido en oxígeno de la atmósfera y los océanos aumentó lo bastante como para permitir la existencia de la vida marina. Más tarde, hace unos 400 millones de años, la atmósfera contenía el oxígeno suficiente para permitir la evolución de animales terrestres capaces de respirar aire.

Fuente: Astronomía

jueves, 10 de julio de 2014

La capa de aire que rodea la Tierra

Llamamos atmósfera a una mezcla de varios gases que rodea cualquier objeto celeste, como la Tierra, cuando éste posee un campo gravitatorio suficiente para impedir que escapen.

En la Tierra, la actual mezcla de gases se ha desarrollado a lo largo de 4.500 millones de años. La atmósfera primigenia debió estar compuesta únicamente de emanaciones volcánicas, es decir, una mezcla de vapor de agua, dióxido de carbono, dióxido de azufre y nitrógeno, sin rastro apenas de oxígeno. A lo largo de este tiempo, diversos procesos físicos, químicos y biológicos transformaron esa atmósfera primitiva hasta dejarla tal como ahora la conocemos.

Además de proteger el planeta y proporcionar los gases que necesitan los seres vivos, la atmósfera determina el tiempo y el clima.

Fuente: Astronomía


domingo, 6 de julio de 2014

¿Está usted bajo riesgo a causa del ozono malo (el que se halla al nivel del suelo)?

Varios grupos de personas son particularmente sensitivos al ozono-especialmente cuando realizan actividades al aire libre-porque la actividad física causa que las personas respiren más rápida y profundamente.

Los niños activos son el grupo de mayor riesgo por exposición al ozono porque en general pasan una gran parte del verano jugando al aire libre. Los niños tienen una mayor probabilidad de padecer asma, la cual puede empeorar debido a la exposición al ozono.

Los adultos físicamente activos que hacen ejercicios o trabajan arduamente al aire libre están más expuestos al ozono que las personas que son menos activas.

Las personas con asma u otras enfermedades de las vías respiratorias son más vulnerables a los efectos del ozono y por lo general sienten efectos en la salud de manera más temprana y a niveles de ozono más bajos que los individuos menos sensitivos.

Hay personas con una susceptibilidad mayor de lo común al ozono.Los científicos aún no saben por qué, pero algunas personas saludables pueden sentir efectos de salud a niveles menores de actividad al aire libre o a niveles menores de ozono en el aire que la persona promedio.

En general, a medida que las concentraciones de ozono al nivel del suelo aumentan, más personas sienten los efectos de salud, más serios se vuelven los efectos, y más personas son admitidas a los hospitales por problemas respiratorios. Cuando los niveles de ozono son muy altos, todos nos debemos preocupar por la exposición al ozono.

Fuente: EPA (Agencia de Protección Ambiental de Estados Unidos)




sábado, 21 de junio de 2014

Historia geológica de la Tierra

Desde su formación hasta la actualidad, la Tierra ha experimentado muchos cambios. Las primeras etapas, desde que empezó la solidificación de la masa incandescente hasta la aparición de una corteza permanente, no dejaron evidencias de su paso, ya que las rocas que se iban generando, se volvían a fundir o, simplemente, eran "tragadas" por una nueva erupción.

Estas etapas primitivas son todavía un misterio para la ciencia. Además, el paso del tiempo, la erosión, los distintos cambios ... han ido borrando las señales, por lo que, cuanto más antiguo es el periodo que se pretenda analizar, mayores dificultades vamos a encontrar. La Tierra, no lo olvidemos, sigue evolucionando y cambiando.


Eones, Eras, Periodos y Épocas geológicas

El eón es la unidad más grande de tiempo geológico. Se divide en diversas eras geológicas. Cada era comprende algunos periodos, divididos en épocas.

Cuanto más reciente es un periodo geológico, más datos podemos tener y, en consecuencia, se hace necesario dividirlo en grupos más pequeños.

Se obtienen registros de la geología de la Tierra de cuatro clases principales de roca, cada una producida en un tipo distinto de actividad cortical:

1.- Erosión y transporte que posibilitan la posterior sedimentación que, por compactación y litificación, produce capas sucesivas de rocas sedimentarias.

2.- Expulsión, desde cámaras profundas de magma, de roca fundida que se enfría en la superficie de la corteza terrestre, dando lugar a las rocas volcánicas.

3.- Estructuras geológicas formadas en rocas preexistentes que sufrieron deformaciones.

4.- Actividad plutónica o magmática en el interior de la Tierra.



Datación, las fechas del pasado

Las divisiones de la escala de tiempos geológicos resultante se basan, en primer lugar, en las variaciones de las formas fósiles encontradas en los estratos sucesivos. Sin embargo, los primeros 4.000 a 600 millones de años de la corteza terrestre están registrados en rocas que no contienen casi ningún fósil, es decir, sólo existen fósiles adecuados de los últimos 600 millones de años.

Por esta razón, los científicos dividen la extensa existencia de la Tierra en dos grandes divisiones de tiempo: el precámbrico (que incluye los eones arcaico y proterozoico) y el fanerozoico, que comienza en el cámbrico y llega hasta la época actual.

El descubrimiento de la radiactividad permitió a los geólogos del siglo XX idear métodos de datación nuevos, pudiendo así asignar edades absolutas, en millones de años, a las divisiones de la escala de tiempos.


Fuente: Astronomía

viernes, 20 de junio de 2014

Formación de la Tierra

La tierra que hoy conocemos tiene un aspecto muy distinto del que tenía poco después de su nacimiento, hace unos 4.500 millones de años. Entonces era un amasijo de rocas conglomeradas cuyo interior se calentó y fundió todo el planeta. Con el tiempo la corteza se secó y se volvió sólida. En las partes más bajas se acumuló el agua mientras que, por encima de la corteza terrestre, se formaba una capa de gases, la atmósfera.

Agua, tierra y aire empezaron a interactuar de forma bastante violenta ya que, mientras tanto, la lava manaba en abundancia por múltiples grietas de la corteza, que se enriquecía y transformaba gracias a toda esta actividad.

Formación del Sol y los planetas

Según los científicos, hace unos 15.000 millones de años se produjo una gran explosión, el Big Bang. La fuerza desencadenada impulsó la materia, extraordinariamente densa, en todas direcciones, a una velocidad próxima a la de la luz. Con el tiempo, y a medida que se alejaban del centro y reducían su velocidad, masas de esta materia se quedaron más próximas para formar, más tarde, las galaxias.

No sabemos qué ocurrió en el lugar que ahora ocupamos durante los primeros 10.000 millones de años, si hubo otros soles, otros planetas, espacio vacio o, simplemente, nada. Hacia la mitad de este periodo, o quizás antes, debió formarse una galaxia.

Cerca del límite de esta galaxia, que hoy llamamos Vía Láctea, una porción de materia se condensó en una nube más densa hace unos 5.000 millones de años. Esto ocurría en muchas partes, pero esta nos interesa especialmente. Las fuerzas gravitatorias hicieron que la mayor parte de esta masa formase una esfera central y, a su alrededor, quedasen girando masas mucho más pequeñas.

La masa central se convirtió eu una esfera incandescente, una estrella, nuestro Sol. Las pequeñas también se condensaron mientras describían órbitas alrededor del Sol, formando los planetas y algunos satélites. Entre ellos, uno quedó a la distancia justa y con el tamaño adecuado para tener agua en estado líquido y retener una importante envoltura gaseosa. Naturalmente, este planeta es la Tierra.
Sólido, líquido y gaseoso
Después de un periodo inicial en que la Tierra era una masa incandescente, las capas exteriores empezaron a solidificarse, pero el calor procedente del interior las fundía de nuevo. Finalmente, la temperatura bajó lo suficiente como para permitir la formación de una corteza terrestre estable. Al principio no tenía atmósfera, y recibía muchos impactos de meteoritos. La actividad volcánica era intensa, lo que motivaba que grandes masas de lava saliesen al exterior y aumentasen el espesor de la corteza, al enfriarse y solidificarse.

Esta actividad de los volcanes generó una gran cantidad de gases que acabaron formando una capa sobre la corteza. Su composición era muy distinta de la actual, pero fue la primera capa protectora y permitió la aparición del agua líquida. Algunos autores la llaman "Atmósfera I".

En las erupciones, a partir del oxígeno y del hidrógeno se generaba vapor de agua, que al ascender por la atmósfera se condensaba, dando origen a las primeras lluvias. Al cabo del tiempo, con la corteza más fría, el agua de las precipitaciones se pudo mantener líquida en las zonas más profundas de la corteza, formando mares y océanos, es decir, la hidrosfera.

Fuente: Astronomía