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miércoles, 21 de diciembre de 2016

CONANP, en coordinación con autoridades locales y federales, atendió varamiento de delfines en Cancún

A principios del desarrollo de Cancún como centro turístico, se observaban grupos de delfines, con más de cien individuos a la vez frente a las playas de Zona Hotelera, situación que se dejó de observar por muchos años.

El lunes 19 de diciembre, cerca de 20 delfines de la especie Steno bredanensis o delfines de hocico estrecho, quedaron varados frente a los hoteles Beach Club y Gran Caribe Real, a la altura del Km. 11.5.

Alrededor de las 4:00 am de este lunes, el cuerpo de bomberos del municipio de Benito Juárez recibió reporte de delfines varados en la playa Chac Mool.

Personal del cuerpo de bomberos, de la Secretaría de Ecología y Secretaría de Turismo locales, de la Comisión Nacional de Áreas Naturales Protegidas (CONANP) a través del Parque Nacional Costa Occidental de Isla Mujeres, Punta Cancún y Punta Nizuc, la Procuraduría Federal de Protección al Ambiente (PROFEPA) así como personal del Grupo Delphinus, salvavidas, y personal de la Gendarmería, entre otros, rescataron a los delfines que se encontraban atrapados en aguas someras en un rango de 3 kilómetros.

Personal de la CONANP apoyado con una embarcación del Parque Nacional Costa Occidental de Isla Mujeres participó en las labores de rescate.

Aunque episodios de varamiento de cetáceos es relativamente común en el Caribe mexicano, este episodio destaca por el número de delfines.

Se desconoce la causa por la que llegaron hasta las playas de la zona, aunque indicios sugieren que pudieron llegar al lugar en busca de alimento, ya que se encontraron rastros de un cardumen de lisas, y en su persecución pudieron quedar atrapados por las fuertes marejadas que crearon una barrera de arena que impedía su regreso.

Cabe señalar que de acuerdo a inspecciones por parte de veterinarios, todos los delfines se encontraban en buena salud y pudieron regresar a aguas abiertas.

Las labores de rescate requirieron de aproximadamente seis horas, desde las 4:00 am en que se reportó su presencia, hasta las 10:00 am en que se devolvió al mar, el último de los delfines que se encontraban frente a la zona de playas.

La presencia de la especie identificada, muestra que está migrando y quizá alimentándose.

A diferencia de hace muchos años, la condiciones de la playa se han modificado y probablemente ello tuvo que ver para que los delfines quedaran entrampados en una zona de aguas poco profundas.

Lo que es un hecho, es que el que hasta la fecha los delfines no hayan regresado, es un indicativo de que se encuentran en buenas condiciones.

Personal de CONANP y PROFEPA realizan inspecciones constantes y se mantienen alerta en caso que haya más reportes en la zona.

Fuente: CONANP


viernes, 31 de julio de 2015

Los delfines, trágicas víctimas de la basura oceánica



Delfines desorientados, varados y agonizantes en la orilla de la playa. O quizá arrastrados por las olas tras morir o perder la cabeza, vomitados por el mar, cual náufragos de un mar cada vez más contaminado que los envenena poco a poco…

Es una imagen habitual a nivel mediático. Ocurre a menudo, y también demasiado a menudo se desconocen las causas que provocaron sus tristes y extraños finales, cuando a simple vista parecen ejemplares sanos.

La basura oceánica podría estar detrás de muchas de estas incógnitas. De hecho, está afectando de un modo terrible a los delfines, según concluye un nuevo estudio publicado en la revista Environmental Science and Technology, en el que se señala el daño que provocan tóxicos presentes en esta basura, como los omnipresentes retardantes de llama.


Retardantes de llama en sus cerebros

En efecto, este tipo de contaminación humana que lleva décadas enrareciendo el hábitat marino ha llegado a alojarse en el cerebro de los delfines y, de acuerdo con el estudio, podría estar provocándoles importantes daños neurológicos.



Como es sabido, la polución química entraña riesgos para la salud, entre otros daños neurológicos irreversibles y, como era de esperar, los delfines ni mucho menos son una excepción.
Si ya vimos las nefastas consecuencias de la química agrícola en los delfines, ahora nos desayunamos con los inquietantes resultados de este nuevo trabajo trabajo, obtenidos tras analizar muestreas de 26 delfines de cinco especies distintas del Mar de Alborán.
En él se señala con claridad que los retardantes de llama, sustancias químicas presentes en buena parte de la basura que arrojamos al mar, han acabado afectando a los delfines a nivel cerebral.

Este componente químico se están acumulando en el cerebro de los cetáceos de un modo peligroso que todavía no han podido analizar en profundidad. Por lo pronto, se ha detectado una anómala concentración de estos contaminantes, muy persistentes en el medio ambiente, bioacumulativos, así como otras moléculas similares, esta vez de origen natural, generados por algas y esponjas.

El trabajo, que forma parte de la tesis doctoral que el investigador del Instituto de Diagnóstico Ambiental y Estudios del Agua Enrique Barón, se centra en el impacto ambiental de los nuevos retardantes de llama, en el que también han colaborado otras instituciones, como el grupo CIRCE (Conservación, Información y Estudio sobre Cetáceos), el Centro de Recuperación de Especies Marinas Amenazadas (CREMA) o la Universidad de Hohenheim (Alemania).

Problemas de reproducción

En un estudio llevado a cabo por la Sociedad Zoológica de Londres con marsopas en un puerto británico se observó que la contaminación química industrial estaba afecando a su capacidad reproductiva.

En concreto, se señalaron como perjudiciales los bifenilos policlorados o PCB, sustancias que se acumulan en el cuerpo en forma de grasa, con lo que pueden permanecer en el cuerpo del animal durante toda su vida.



Al margen de que esos productos químicos se hubieran prohibido hace más de 30 años, siguen en el cuerpo de los animales, ya que los productos químicos pueden ser transmitidos de la madre a la descendencia.

Sorprendentemente, los investigadores descubrieron que el 20 por ciento de las marsopas habían sufrido un aborto involuntario recientemente y un 16,5 por ciento tenía tumores o infecciones en el órgano reproductivo, posible causa de sus problemas para concebir.


El problema de las mareas rojas

No solo la basura marina y, en especial, los contaminantes químicos amenazan la vida de estos cetáceos. También lo hace el ácido domoico en las playas de California y otras regiones, como la costa de Chile.

A los rescatistas que han ayudado a animales varados o enfermos les preocupa en especial el envenenamiento por ácido domoico, una neurotoxina que se produce por la marea roja, con el agravante de que ésta se produce con mayora frecuencia a consecuencia del cambio climático y de una mayor acidificación de las aguas.



La toxina llega a la fauna a través de la cadena trófica, desde los peces y moluscos a sus depredadores, como los leones marinos, ballenas y delfines. Al comer fauna contaminada afecta a su sistema nervioso y acaban muriendo entre convulsiones.

Los expertos advierten que el problema cada vez es más común. La suma de estas neurotoxinas que provoca el calentamiento global y los contaminantes químicos procedentes de la basura oceánica pueden acaban por reducir su esperanza de vida de un modo drástico.

Buscar la presencia de ésta u otras toxinas en los animales que aparecen varados en las costas es una interesante manera de estudiar el papel que cumplen a la hora de decidir sus trágicos destinos. A pesar de que todavía queda mucho por conocer al respecto, hacer pruebas a los animales que se encuentran muertos se ha convertido en una prioridad en las autopsias practicadas.





Tanto para dilucidar tanto una posible causa de muerte como un precio desorden a nivel cerebral o de otro tipo que, finalmente, habría llevado a ésta. Por que, al margen de cuál sea la toxina que pudiera encontrarse, parece claro que la polución humana está acabando con estos animales y, en general, perjudicando gravemente a la flora y fauna marina.

Y, como dice la sabiduría popular, cuando veas las barbas de tu vecino cortar, pon las tuyas a remojar. La razón es simple. Nos la explica la veterinaria estadounidense Frances Gulland cuando afirma que “cualquier impacto en la vida marina, a la larga, se hará extensivo a los seres humanos”. Más claro (u oscuro, según se mire), imposible.