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martes, 7 de junio de 2016

La agricultura y el mar, una relación peligrosa

Greenpeace se manifiesta en instalaciones de Bimbo. Foto: Greenpeace
En nuestro planeta todo está conectado para mantener el equilibrio de los ecosistemas, pero muchas de las actividades humanas han alterado esas relaciones. Cada vez se habla más del deterioro ambiental en el que vivimos; el cambio climático es una realidad, las especies en peligro de extinción aumentan, la calidad del aire que respiramos empeora y nuestros océanos están amenazados por actividades tan básicas como la producción de nuestros alimentos.

¿Qué tiene que ver la agricultura con el mar? Pese a que la relación entre los campos de cultivos y el océano nos parezca lejana, lo cierto es que están más relacionadas de lo que creemos. La comida en nuestro plato deja huella no solo en la tierra y en las personas que la producen, también impacta en las tres cuartas partes de agua que integran el planeta.

Los océanos producen 50% del oxígeno que respiramos, regulan el clima global, son hábitat de 256 mil especies marinas conocidas -gran parte de ellos sigue inexplorada- además de que ofrecen recursos alimentarios para casi la mitad de la población en el mundo.

Estos beneficios sufren la presión de actividades como la pesca indiscriminada, la contaminación tóxica y la industria alimentaria, ésta última se abastece de la agricultura a gran escala, actividad en México genera el 19 por ciento de los gases de efecto invernadero, es responsable del 17.5 por ciento de la degradación de nuestros suelos.

La agricultura industrial hace uso excesivo de plaguicidas y fertilizantes sintéticos que ponen en riesgo la salud de la gente; y siguen utilizándose pese a que gran parte de esas sustancias no se absorben por las plantas sino que contaminan el agua que se filtra al subsuelo y corre por ríos o lagunas que desembocan en el mar. Se estima, por ejemplo, que casi el 75 por ciento del nitrógeno aplicado como fertilizante se pierde en la atmósfera o se escurre a las aguas superficiales.

El exceso de nutrientes en el agua favorece el crecimiento descontrolado de algas que consumen el oxígeno disuelto hasta agotarlo, haciendo imposible la supervivencia de otras especies, a lo que se conoce como zonas muertas, con consecuencias económicas, ambientales y sociales graves, principalmente por afectaciones al turismo y la pesca que puede estar contaminada y llegar a nuestra mesa.

Las conexiones en el planeta son evidentes pero nos negamos a verlas e insistimos en mantener un estilo de vida, modelos de producción y de consumo que han demostrado ser insostenibles.

Al igual que en el planeta todo está conectado, las acciones diarias tienen una reacción es por ello que es urgente que la industria de alimentos y gobiernos dejen de aferrarse al sistema actual de producción de alimentos e impulsen nuevo modelos como la agricultura ecológica que protege la biodiversidad, impulsa el desarrollo de las comunidades sin el uso de agroquímicos ni transgénicos que a su vez reduce los daños en los océanos.

Esta semana es un gran pretexto para lograrlo, pues apenas este 5 de junio se conmemoró el Día Mundial del Medio Ambiente y el 8 de junio el Día Mundial de los Océanos, ambas efemérides tienen el objetivo de sensibilizar a la humanidad de la importancia de preservar sanos los ecosistemas para garantizar la vida de todas las especies en la tierra, incluida la nuestra.

Las grandes marcas de alimentos en México tienen una gran responsabilidad frente a sus consumidores y pueden hacer la diferencia para reducir los impactos ambientales. La ciudadanía también tiene un papel clave en esta historia exigiendo comida sana para el cuerpo y el planeta a través de un consumo responsable.

¿Te atreves?

Edith Martínez es coordinadora de Comunicación en Greenpeace México
Facebook: Greenpeace México
Twitter: @greenpeacemx
Fuente: Sin embargo

martes, 28 de julio de 2015

¿Por qué apostar por la agricultura ecológica?


La agricultura tradicional es una de las actividades del ser humano que más contamina al Planeta, por los pesticidas y tóxicos que utiliza, por su desmedido gasto de agua, por la contaminación que genera, etc. A raíz de saberse el tremendo impacto que esta práctica hace en el medio ambiente, nació una alternativa más sostenible: la llamada agricultura ecológica.


Este tipo de agricultura propone el uso de técnicas menos dañinas con el entorno, partiendo por una mayor consideración en los suelos, en los que se busca menos erosión que la que hace la agricultura tradicional. El suelo es uno de los grandes maltratados en el cultivo. Además, la ecológica, propone planificar un sistema de rotación de cultivos que preserva la calidad del suelo (y también mejora la de los alimentos).

Pero sin duda, uno de los grandes beneficios que propone la agricultura ecológica es la eliminación de fertilizantes y químicos que dañan al medio ambiente en el agua, suelo y aire durante el cultivo. Así, se usan para cultivar técnicas con iguales resultados, pero que evitan el uso de químicos. Además de contaminar menos al planeta y ser esta práctica más sostenible, la eliminación de fertilizantes y elementos no naturales hace que la calidad de los alimentos sea mucho mejor. Obtendremos frutos con mejor sabor, más naturales y con más nutrientes, porque el proceso es más respetuoso con sus proteínas y vitaminas. Si alguna vez has cultivado tú mismo hortalizas o frutas en tu huerto usando sólo técnicas naturales (o los has probado), podrás recordar cómo su sabor es más intenso y el producto final, mucho más sano.



Además, cuando uno piensa en promover la agricultura ecológica, tiene que intentar consumir productos cultivados usando menos energía, ya que la agricultura tradicional utiliza muchísima.

Otra de las ventajas es que favorece la biodiversidad: en entorno puede interactuar naturalmente sobre el suelo. Uno de los factores que más dañan al suelo y al planeta en general es la eliminación de insectos con métodos abrasivos. Aunque la agricultura ecológica es más cara de producir (razón por la cual los alimentos obtenidos suelen venderse a precio mayor), también comporta unos beneficios de tipo social, al crear más empleo por tener que emplear más mano de obra.


¿Por qué no la agricultura tradicional no es ecológica? Para abaratar costes. Usando determinados fertilizantes o cultivando sin un estudio previo que preserve la calidad el suelo, obtenernos más productos por menos coste. Una vez más la ecología sale mal parada en detrimento de los intereses económicos. Sin embargo, el consumidor tiene en su mano comenzar a minimizar el uso de la agricultura contaminante, rechazando todo o parte de lo que venga de ella. Además de estar contribuyendo a un menor deterioro del medio ambiente, la calidad y el sabor de los alimentos que tengas en tu casa recompensarán seguramente los euros de más invertidos.


Así pues, si quieres empezar a consumir productos que vienen de la agricultura ecológica, puedes empezar integrando estas prácticas en tu vida cotidiana:

Cultivo propio

Si tienes un espacio adecuado en tu terraza o jardín, cultiva tus propias hortalizas o verduras.
Hay muchísimas cosas que puedes plantar y que darán como resultado unos alimentos más naturales y personales. Muchas de las cosas que comemos no son caras de producir y son aptas para plantar por principiantes. Haz de tu huerto tu “niño bonito” y sorprende a todos con productos naturales, llenos de proteínas y con gran calidad. Recuerda que los abonos naturales y el conocido compost que puedes confeccionar tú mismo/a serán tus grandes aliados en esta bonita práctica.



Escoge productos certificados

Afortunadamente, la agricultura ecológica es una opción escogida cada vez por más personas y puedes encontrar sus productos en supermercados, en cooperativas, etcétera. Asegúrate de elegir siempre productos certificados, nacidos de cultivos respetuosos con la tierra, el campo, en los que no se haya usado pesticidas y abonos artificiales y que se hayan cultivado minimizando el uso de agua. Además, estos productos no tienen que usar nada de conservantes ni colorantes, son alimentos totalmente naturales. La etiqueta ecológica te ayudará a reconocerlos.

Productos locales

Antes de comprar, elige productos locales y regionales. Es decir, estarás mirando más por el medio ambiente escogiendo un tomate cultivado en tu zona que en otro país, ya que las emisiones de dióxido de carbono emitido cuando exportamos o importamos alimentos es también uno de los grandes azotes del planeta.
Productos ecológicos en tu barrio

Explora tu zona y conoce todos los lugares donde venden productos cultivados ecológicamente. La calidad alimenticia de tu núcleo familiar se verá incrementada notablemente. Compara precios y así podrás llevarte a casa los mejores alimentos por menos dinero. La diferencia económica estará justificada por el sabor y la posibilidad de comer más sano y natural. Cultivando tu mismo y escogiendo los mejores comercios, no tiene por qué haber una diferencia de precio tan grande respecto a los productos tradicionales. Mucha gente ni siquiera los toma como opción por considerarlos mucho más caro y eso no siempre es así. Un consejo que te damos es visitar mercadillos donde puedes obtener muchos sabrosos productos por poco dinero. En las grandes ciudades españolas se celebran una vez a la semana varios mercadillos ecológicos que ofrecen alimentos ecológicos de todo tipo.

Una caja de verduras y hortalizas variadas por temporada de 5 kilos la puedes encontrar por 10-15 euros, e incluso menos, en estos mercadillos.


Además, la agricultura ecológica no comporta únicamente las verduras y hortalizas. Existen muchísimos alimentos ecológicos a incorporar a nuestra dieta: huevos, harinas, embutidos, chocolate, cereales, pan, miel, quesos, e incluso cosméticos.


Empieza a consumir ecológico. Tu salud, tu bienestar y la ecología te lo acabarán agradeciendo.

Fuente: Ecología Verde