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sábado, 14 de enero de 2017

Cómo empezó la agricultura ecológica en Cuba

Cuba es un ejemplo clásico de conversión de un modelo de producción contaminante e insostenible a uno ecológico y sostenible. Desde antes del bloqueo económico impuesto por los Estados Unidos, Cuba producía alimentos con un sistema de monocultivo, sobre explotación de recursos naturales y dirigido hacia la exportación de sus productos.


Una vez que se impuso el bloqueo, el mercado del país tuvo pérdidas de entre el 80 y 85 por ciento en su exportación, provocando un panorama crítico para la población de este país y su acceso a alimentos. Sin embargo, gracias a la relación de Cuba con países socialistas, mantuvieron contratos a largo plazo para seguir comerciando sus productos. Dichos países, así como todo el mundo, buscaban impulsar el modelo de agricultura industrial debido al auge que cobraba la “Revolución Verde”, lo cual generó que se fortaleciera este modelo en el país y que siguiera produciendo así durante tres décadas más.

Esto no fue sostenible gracias al colapso de la economía que causó la desintegración de URSS, que dejó a Cuba sin la fuente de sus insumos de producción, y costos ambientales y sociales alarmantes, como degradación de los suelos, pérdida de biodiversidad, deforestación extensiva, baja autosuficiencia alimentaria, baja eficiencia energética, alta dependencia externa e intensificando los cambios en el país.

Como resultado, el país y su población, se vieron obligados a disminuir radicalmente el uso de insumos externos, hacer mucho mayor uso de los recursos disponibles y del conocimiento, a través del desarrollo de la creatividad, el estudio y el conocimiento. Después de 3 décadas de “Revolución Verde”, a comienzo de los 90, debido a la crisis económica coyuntural, el movimiento de agricultura orgánica inicia en el país gracias a precursores pensadores agrícolas cubanos, naturalistas, que sentaron bases de tradiciones agrícolas con vigencia actual.

A partir de ello, el movimiento ecológico fue cobrando fuerza con la creación y diseminación de centros para la reproducción de entomófagos y entomopatógenos (CREE), que permitió la “ecologización” de la agricultura cubana como base para el control biológico de plagas a través de técnicas como el uso de feromonas sexuales, el control natural, el uso de plantas repelentes, entre otras.


Además, se impulsó la agricultura urbana para disminuir los costos y acceso para las familias a los alimentos. Este tipo de agricultura estaba antes prohibida debido a la aplicación de agrotóxicos que se utilizan en el modelo agroindustrial, hecho que cambió por completo al producir con técnicas ecológicas.

En la zona rural, se recuperaron técnicas tradicionales como la tracción de la tierra, para eliminar costos de producción por el uso de combustibles y ayudar a la conservación - manejo de suelos y nutrición orgánica.

Este modelo de agricultura ecológica fue creciendo gracias a un esquema integral que incorpora la diversificación de cultivos, el manejo integrado de plagas, la nutrición orgánica de los suelos, técnicas silvopastoriles, la rotación de cultivos, la educación y capacitación de las personas, entre otros elementos.



Ha sido posible a través del intercambio horizontal “campesino a campesino”, rescatando experiencias rurales, campesinos promotores, y a través del intercambio con investigadores y profesores.

Con el paso del tiempo, este modelo se ha convertido en la forma de producir alimentos en Cuba, y ha sido incentivado y fortalecido a través de alianzas y programas como el de “Campesino a Campesino” con el que las más de 130 mil familias involucradas crecen con usufructuarios.

Los sistemas diversificados agroecológicos tradicionales pueden generar producciones con eficiencia biológica, productiva, económica, energética y ambiental, conservar nuestros recursos naturales sin degradar suelos, convirtiéndolos en sistemas sustentables y sostenibles, y suministrando alimentos sanos y suficientes para la población de manera creativa.

En la actualidad, Cuba cuenta con un otorgamiento tierras en usufructo por las Leyes 259 de 2008 y 300 de 2012. Además, ha impulsado un desarrollo local en todo el país con más de cien mil técnicos en la actividad.


Sin embargo, actualmente también hay riesgos por la entrada desmedida de capital externo y deslumbramientos como los transgénicos que son vendidos con promesas infundadas.

Raúl Castro, presidente de Cuba, ha reconocido que la producción de alimentos en el país, es la primera prioridad. Ahora, se necesita mayor apoyo financiero y estimular a los nuevos usufructuarios; la capacitación, equipos, implementos, desarrollo rural y cambio de conciencia hacia una agricultura en armonía con la naturaleza y atractivos económico-sociales para los nuevos agricultores que permita la revalorización del trabajo de las y los campesinos.

Sandra Laso
Greenpeace México

domingo, 8 de enero de 2017

Tendiendo puentes por la agricultura ecológica entre México y Cuba

El encuentro entre los guerreros y guerreras que luchan por mantener su soberanía alimentaria a través de una agricultura que produzca alimentos para la vida y no contra ella, es imprescindible.

Necesitamos regresar el sentido humano de la agricultura de producir alimentos y no solo mercancías: alimento para el ganado, biocombustibles, o ingredientes de comida chatarra. Es urgente tender puentes entre campesinos, científicos y consumidores que se resisten a colaborar con el modelo de agricultura industrial de monocultivos, devastador del medio ambiente y de la salud humana. Es por ello que a bordo de nuestro buque insignia “Rainbow Warrior” navegamos junto con compañeros de comunidades mayas hacia Cuba, para intercambiar conocimientos y saberes sobre la actividad más noble del ser humano, la agricultura.

Durante los cinco días de viaje (10-15 de enero), visitaremos al menos cinco fincas de la isla: la Estación Experimental Indio Hatuey, el Instituto de Investigaciones Fundamentales en Agricultura Tropical (Inifat) y el Programa Nacional de Agricultura Urbana, Suburbana y Familiar donde se han desarrollado técnicas de agricultura ecológica que pueden ser replicadas en México y otras partes del mundo.


Muy a pesar de los detractores de la agricultura ecológica, existen casos exitosos que desenmascaran los mitos que la agroindustria y sus funcionarios secuaces han promovido ampliamente para allanar el camino a la “revolución verde”: la agricultura ecológica no es viable para alimentar a la gente y es altamente costosa.



Cuba es un ejemplo mundial que muestra que otra manera de producir alimentos no sólo es posible, sino que ya está ocurriendo. En la isla existen miles de casos exitosos de un modelo agrícola innovador, libre de plaguicidas, fertilizantes, y transgénicos. Cuando la agricultura cubana quedó sin recursos e insumos externos (fertilizantes, plaguicidas y combustible) al desintegrarse la Unión Soviética, los campesinos cubanos, con sólo el 25% de las tierras cultivables, aplicando agricultura ecológica, fueron capaces de producir hasta el 65% del suministro de alimentos en la isla (1).

Mientras que la mitad de los casi 800 millones de personas que pasan hambre en el mundo pertenecen a comunidades de pequeños agricultores (2), en Cuba, los pequeños agricultores producen suficiente comida para ellos y además suministran el 90% de los vegetales y frutas que se consumen en el país.


Esta es una visita histórica que tiende un puente de colaboración entre campesinos cubanos y mayas mexicanos quienes actualmente libran una batalla contra la transnacional Monsanto en defensa de sus formas tradicionales de producción, de su salud y de su cultura, de los alimentos para las futuras generaciones. Los representantes de las comunidades mayas que viajan a Cuba tienen el interés genuino de perfeccionar sus técnicas agroecológicas que nos ayuden a afrontar los desafíos de la producción de alimentos saludables para las personas y para el planeta a través de la milpa.


A pesar de estar demostrado que el actual sistema alimentario no funciona, que tiene un impacto negativo en los agricultores, que impulsa la deforestación, contamina los recursos naturales como el suelo y el agua, y que contribuye al 24% de todas las emisiones de gases de efecto invernadero por el hombre (3), el gobierno de Peña Nieto, ha decidido jugar el papel de testaferro de la industria de transgénicos que pretende coronar el modelo agrícola devastador con la comercialización de soya y maíz transgénicos, cultivos que echarán mano de grandes cantidades de herbicidas y plaguicidas.

Afortunadamente contamos con funcionarios que han decidido hacer lo correcto, el gobierno de Yucatán se ha planteado como objetivo, desde el 2015, aumentar la producción del campo de un modo sustentable, con oportunidades económicas para todos, transitando hacia la agricultura ecológica. Es el turno de los gobiernos de Campeche y Quintana Roo de hacer lo propio para hacer realidad la Península sustentable que pregonaron durante la reciente COP13 de biodiversidad.


#SomosGuerreros

Aleira Lara 
Coordinadora de la campaña de agricultura sustentable y transgénicos de Greenpeace México. Licenciada en Relaciones Internacionales por la Universidad Nacional Autónoma de México.

Fuentes:
Rosset, P.M., B. Machín-Sosa, A.M. Roque-Jaime and D.R. Avila-Lozano. 2011. The Campesino-to-Campesino agroecology movement of ANAP in Cuba. Journal of Peasant Studies, 38(1), 161–91.Who are the hungry? World Food Programme. Disponible en: http://www.wfp.org/hunger/who-arePete Smith (UK), Mercedes Bustamante (Brazil). Agriculture, Forestry and Other Land Use (AFOLU). https://www.ipcc.ch/pdf/assessment-report/ar5/wg3/ipcc_wg3_ar5_chapter11.pdf. Información tomada el día 06 de enero de 2017.